Por qué el empoderamiento financiero de las mujeres no funciona

El empoderamiento femenino llega al terreno financiero intentando convencernos de que nos van a liberar a todas de la pobreza...



Existen motivos por los que el empoderamiento financiero de las mujeres no funciona. Puede parecer un tema extraño, pero es algo que es conveniente tratar con respecto a las mujeres, desde un punto de vista muy crítico, y sin tomar en cuenta la corrección política.


En la actualidad el empoderamiento en general está al parecer muy mal entendido, desorganizado y establecido de forma inadecuada, debido a lo cual se llegan a dar situaciones desagradables y rocambolescas que son difíciles de tolerar.


Se trata de una especie de pseudoempoderamiento con el que se debe ser crítico ya que es algo que no parece estar logrando los objetivos que se esperaban en un principio. En teoría, uno de los objetivos importantes sería sobre todo darle cierto poder a las mujeres sobre su propia vida. Ese objetivo en general no se está cumpliendo; el empoderamiento tal y como se entiende hoy día no está logrando lo que se supone debería aportar a las mujeres.


En concreto el empoderamiento financiero tampoco funciona, y esto es así por varias razones que están vinculadas a las mujeres y al dinero.

Se supone que las mujeres, cuando tienen dinero, pueden alcanzar cierta independencia, porque la base de ese empoderamiento financiero es hacer que las mujeres sean de alguna forma independientes de los hombres.


Para una mujer, ser económicamente independiente de un hombre significa que debe dedicarse prácticamente toda la vida, o al menos los primeros 20 años de su vida profesional, a establecerse y formarse en aquello que quiere hacer, tanto si quiere trabajar para otros como si quiere ser autónoma.


Aquellos que han tenido una pequeña empresa, los emprendedores independientes, o autónomos, como se les llama en España, todos ellos saben que es muy difícil montar una pequeña empresa o trabajar por cuenta propia.

Se requieren muchas horas de esfuerzo para trabajar por cuenta propia, lo cual significa que se deben sacrificar muchas otras áreas de la vida para dárselas al trabajo. Para los trabajadores por cuenta ajena es más o menos igual, porque para ser económicamente independiente debes ganar un salario bastante importante, y eso es difícil de conseguir en muchos países. En España, por ejemplo, los salarios no cumplen las expectativas en este aspecto.


Para alcanzar un puesto que sea medianamente bueno, se compite mucho y debe ser el mejor en lo que hagas, porque esa es la única manera en la que se justifica recibir ese salario al que se aspira. Además, el profesional debe actualizarse de forma constante.


Muchas veces se requieren cosas como hablar varios idiomas, como requisitos para buenos empleos. Y el aprendizaje de idiomas por si solo ya requiere de bastante tiempo, energía y un presupuesto que gran parte de las personas no tienen o que no quieren invertir en eso.


Lo peor de todo no es tener que invertir 20 años de tu vida en progresar en el mundo del trabajo para hacerte un sitio. Lo peor es todo lo que dejas en el camino. En su mayoría las mujeres no parecen estar dispuestas a realizar ese sacrificio. No se puede tener una vida profesional completa para ser económicamente independiente, al mismo tiempo que se lleva una vida familiar del todo adecuada. Se debe sacrificar algo en uno u otro sentido.


Es un engaño del mundo moderno el que muchas mujeres crean que pueden tener todo eso al mismo tiempo; creer que se puede lograr tener estabilidad financiera, y encargarse de una familia y tener hijos sin sacrificar nada.


Puede haber mujeres que crean que están cumpliendo con tener una vida profesional y familiar estable al mismo tiempo, pero en algún momento suelen darse cuenta de que están fallando, ya que es muy complicado. Surgen problemas y no da tiempo ni energía para encargarse de todo.


Cuando les cuentan a la gente que el empoderamiento femenino puede marcar una diferencia en las mujeres, no lo explican todo. Por eso hablamos de una información falaz y deficiente. Las mujeres no tienen los datos que necesitan para hacerse una idea de dónde se están metiendo en realidad y de qué hablamos exactamente.


El empoderamiento financiero va un poco en esta línea de la independencia económica. Se puede decir que se utiliza como un elemento que añadiría seguridad a la vida de las mujeres. Y hasta cierto punto hay que estar de acuerdo con esto, porque cuando tienes una estabilidad económica, se tiene una seguridad en el mundo material en el que vivimos en la actualidad. Quien haya experimentado problemas económicos, sabe lo que significa la inseguridad que se siente y el miedo que se pasa cuando no tienes una estabilidad económica.


Se entiende que la intención para crear este discurso sobre la independencia financiera es buena en su base. Lo que se busca es que las mujeres dejen de tener dependencias económicas y miedo para que estén en posiciones de mayor seguridad. Pero para alcanzar esa meta, como venimos diciendo, se debe trabajar mucho para conseguir una base mínima que permita tener una independencia económica real y auténtica. Para hacer eso hay que invertir un tiempo y una energía que la mayoría de las mujeres no tiene, porque no quieren trabajar tanto para conseguir ese objetivo.


Para conseguir esos salarios que dan la independencia se requiere hacer sacrificios como salir a trabajar todo el día, no ver al marido casi nunca y no criar a tus hijos tú misma. Muchas mujeres no estarían dispuestas a cumplir con eso, aunque aún haya algunas, sobre todo las más jóvenes, que crean que se puede tener todo en la vida, que serán capaces de tener su vida profesional y su vida familiar y que ninguna de las dos áreas se va a resentir.


Otro argumento que usan es que con la independencia económica la mujer alcanzaría también seguridad con respecto a las violencias que sufren las mujeres. En concreto, lo que ahora se llama violencia de género. Lamento informarles de que esa fórmula que proponen para liberarse de la violencia no funciona.


Lo que lleva a una mujer a convertirse en víctima de violencia en su edad adulta es la victimización sufrida en su infancia y adolescencia. Eso deja una huella que convierte a las personas en víctimas. Si la mujer no reprocesa los traumas causados por esas experiencias infantiles, en su vida adulta seguirá siendo una víctima. Esto significa que va a ser el susceptible de sufrir revictimización; es decir, tiene muchas probabilidades de volver a sufrir violencias en otros contextos a lo largo de la vida, porque ya fue víctima una vez y todavía lleva el estigma de la victimización.


Habiendo sido víctima antes tienes muchas más probabilidades de sufrir otras violencias en la vida adulta, eso incluye sobre todo lo que hoy se llama violencia de género. Según los expertos en violencia doméstica, las víctimas de violencia de género en su mayoría son supervivientes de abuso sexual en su infancia o de algún otro tipo de violencia.


Se cuentan muchas mentiras con respecto a la violencia de género, pero sobre todo hay mucha información que se omite. Una de las grandes cosas que se omiten con respecto esta violencia es que esas mujeres ya vienen victimizadas en la infancia. Y para terminar con ese ciclo de violencia lo que se debe hacer es sacar a esas mujeres de la victimización.


Y por cierto, eso no se consigue con las leyes sobre violencia de género que existen en la actualidad, por el contrario, esas leyes anclan a la mujer a la victimización.


Dicho todo esto, cualquier empoderamiento, financiero o del tipo que sea, no funcionará con las mujeres si antes de eso no se les ayuda a salir de la victimización y a reprocesar sus traumas para dejar de ser víctimas y dejar de tener cerebros de víctimas.


El empoderamiento femenino en lo económico va en una línea clasista que solo ayuda a las que más tienen, justamente aquellas que no lo necesitan, y que deja fuera al resto. Además, no nos explica lo que hay que sacrificar para conseguirlo.

Es falso argumentar que por tener independencia financiera y económica se resolverán todos los problemas de las mujeres. Por mucho dinero que tenga una mujer, si sigue teniendo cerebro de víctima, seguirá siendo una víctima, y los resultados de su vida seguirán siendo negativos.


Una mujer profesional con un puesto de gran responsabilidad puede tener graves problemas emocionales y psicológicos, que le lleven a desarrollar relaciones de dependencia –o de maltrato– con los hombres. Lo cual significa que la independencia económica no libera a esa mujer, ni le hace estar más segura.

En la mayoría de los casos, los problemas de las mujeres se reducen a lo que tienen en la cabeza. Es decir, a sus traumas y a sus trastornos.


Por otro lado, las mujeres pobres no tienen el mismo acceso a los puestos de trabajo que aportan los salarios que les otorgarían una independencia. Lo que hoy llamamos techo de cristal, en realidad es una falacia clasista. Los puestos de poder, los que pagan los mejores salarios, están reservados para las clases altas. Sean hombres o mujeres, las personas que ocupen esos puestos más altos, con las mejores condiciones laborales, serán elegidas entre las universidades privadas y las familias ricas. Entre los ricos no hay desempleo. Así mismo, el techo de cristal no tiene nada que ver con el género, sino con la clase social.


Dicho esto, cabe preguntarse para quién es este mensaje, a quién va dirigido el argumento de que el dinero te salvará. El mero hecho de hablar en términos de empoderamiento económico ya va en una línea clasista, que apunta a un tipo de mujer en particular, y que excluye a la mayoría. La mujer de clase baja no tiene tiempo para pararse a pensar en cómo trepar para conseguir un mejor salario, porque está demasiado ocupada intentando llegar a fin de mes y dar de comer a sus hijos. Tampoco va a ser la candidata perfecta para que un fondo de inversiones invierta en su pequeño negocio. Tendrá suerte si la escuchan en su caja de ahorros o en su banco.


En resumen: las mujeres de clase baja lo tienen muchísimo más difícil que otras para alcanzar esa independencia económica. Si su seguridad o su bienestar se basa en su capacidad de hacer dinero, estamos condenando a millones de mujeres a vivir en la inseguridad toda su vida, porque nunca romperán el techo de cristal que las liberará de la pobreza. Y, de hecho, así es como ocurre en la vida real.

El empoderamiento financiero es otra estafa más, del feminismo, suponemos, pero con un giro clasista en este caso, lo que lo hace más desagradable aún si cabe. Hay elementos mucho más importantes en la vida de las mujeres de los que tenemos que ocuparnos, antes de pensar en su liberación económica. Su psiquismo en primer lugar.


Puedes escuchar el podcast perteneciente a esta entrada aquí.



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