El fenómeno Fan

Actualizado: 10 de nov de 2020

De cómo el fenómeno fan se acaba convirtiendo en una herramienta de manipulación poblacional.



Cuando hablamos del “fenómeno fan” nos vienen a la cabeza aquellas adolescentes gritando en un concierto admirando a sus ídolos al mover la cadera o cosas parecidas. Es cierto que así empezó, pero eso no es todo. El fenómeno fan da mucho más de sí.


Se puede decir que lo que empezó siendo un fenómeno de cuatro adolescentes gritando ante un tipo subido en un escenario, ha derivado en una especie de método de control poblacional o, por lo menos, de separación social que alcanza ya unas cotas intolerables.



De la adicción al fanatismo


Para entender lo que vamos a explicar aquí hay que saber primero que el cerebro humano es muy maleable, además los humanos tenemos una tendencia a las adicciones, lo que significa que, por cuestiones biológicas y estructurales del cerebro, las personas tienen la tendencia a habituarse muy rápido a los estímulos que reciben.


Eso puede llevar a las adicciones en muchos casos, pero no solo a las adicciones relacionadas con productos, como cuando se ingiere cualquier droga o alimentos. Adicción significa que el cerebro ha creado una serie de vías neuronales y que lleva a cabo unas descargas de diferentes productos químicos a las que se acostumbra nuestro sistema. Eso explica que Las personas nos podamos volver adictos a, prácticamente, cualquier cosa, incluyendo las emociones.


Sentir una emoción concreta puede generar una adicción, es decir una búsqueda continua y permanente de esa misma emoción, para satisfacer la necesidad del cerebro de la sustancia correspondiente que secreta el sistema endocrino. En ese sentido, cualquier cosa que genere una emoción concreta que resulte agradable es susceptible de convertirse en algo adictivo. Saber eso es fundamental para entender que hay millones de experiencias en la vida que son susceptibles de convertirse en adictivas para las personas, porque van a generar esas emociones que vamos buscando.


Las adicciones no siempre se generan con cosas que nos hagan sentir bien. Las personas con desequilibrio emocional tienen tendencia a generar adicción a ese desequilibrio. Es lo que yo llamo “Adicción al drama”. Son personas adictas a las emociones, sobre todo si estas son negativas, vinculadas a drama y a la desesperación. Para alimentar esta tendencia estas personas escuchan música o consumen cine y televisión de forma constante, porque esto les provoca esas emociones de forma fácil.


Como ya explicamos en otra entrada, en algunas personas traumatizadas encontramos una particularidad. Se calcula que el 30% de las personas traumatizadas tienen tendencia a la hipoactivación, y entre todas estas, hay un grupúsculo que desarrolla una tendencia de comportamiento específica. La hipoactivación se les hace insoportable, de forma que irían buscando experiencias que les supongan una especie de descarga de adrenalina, que es más o menos un chute de droga en el organismo a la que también se vuelven adictos. Eso es ayuda a mantenerse vivos y presentes, aun a costa de poner en riesgo su vida tirándose en paracaídas o haciendo puénting, entre otras actividades.


El funcionamiento del fanático


El fanático se identifica con su ídolo, y si rechazas a su ídolo lo estás rechazando a él. Lógicamente, cuando más desequilibrada esté la persona, con más fuerza defenderá a su ídolo, y con más agresividad tratará a todo aquel que no piense como él. Hay una vinculación entre el desequilibrio emocional y el fanatismo.


De esta forma, si no piensas igual que el fan sobre su ídolo, el fan te rechazará como persona. Porque de la misma forma que él se vincula con su ídolo, a ti te vincula con tus opiniones, sin darse cuenta de que las personas no somos nuestras opiniones. Y, aunque así fuera, puedes tener una opinión diferente sin necesidad de que te rechacen por eso. Es válido rechazar las ideas y opiniones de otra persona, pero no lo es rechazar a la persona como si fuera solo sus ideas o sus opiniones.

Este modo de comportarse lleva a la radicalidad.


No solamente el radical pasará a considerarte solo como tus opiniones, sino que en algún punto dejarás de ser persona y pasarás a ser solo la representación física de tus ideas. Desde ese punto, la deshumanización de aquel al que se considera adversario es muy fácil, y eso normalmente lleva a la violencia.


De la idolatría al ídolo a la idolatría a la ideología


Además de todo esto, las personas podemos volvernos adictas a las ideologías, o los llamados ismos. Dependiendo de cuál sea tu problemática o tu trauma, habrá una ideología a la que puedas aferrarte, porque es la que encaja contigo, con tu situación emocional y psicológica.


Hoy en día existe mucho drama en torno a los ismos. Se puede decir que los ismos están gestionados por y desde las emociones, por lo que ser fan de un ismo funciona de la misma forma que ser fan de un ídolo. Aquellos que son radicales en su fanatismo con un ismo en particular, van a considerar enemigos a los que no piensan igual. Marcarán una línea entre él y los que no opinan igual.


Cuando se habla de ideologías e ismos las reacciones son las mismas en todos los sentidos. Desde el principio, la adicción que una persona puede llegar a generar en su cerebro con respecto a una ideología es la misma que puede llegar a generar con respecto a una persona o una droga.


Es interesante observar cómo a menudo el fanático no tiene una opinión formada a fondo sobre aquello que defiende, y que se contente con repetir lo que han dicho otros, normalmente en forma de eslóganes. También es recurrente que el fanático ni siquiera sepa por qué hace lo que hace, y que no comprenda sus propios procesos. En pocas palabras, no es raro que el fanático no sepa de lo que habla y no entienda muy bien lo que está adorando, ni por qué.


Puesto que la reflexión no es su fuerte, tampoco se paran a pensar por qué lo están haciendo y lo normal es que sigan en automático, sin pararse a pensar si procede seguir comportándose así. Porque este es un comportamiento animal y muy automático, robotizado, de personas disociadas y literalmente descerebradas, con un córtex frontal que no está funcionando.


El amor a la ideología lleva al odio a la persona


Las personas se identifican con las ideas, o con los ismos, de una forma más radical a cómo se identifican con otras personas, sus ídolos. Las ideologías generan muchísimo más fanatismo que las personas. De hecho, puede tratarse de ismos políticos cuyos líderes ya no existan, pero el ismo sigue vivo, porque se habla de una idea, ya no se habla de una persona, aunque se utilice la imagen de ese líder.


Quedan así mismo las imágenes, los símbolos personales, y los eslóganes. Aunque los que representan a ese ismo ya hayan desaparecido, los seguidores de la idea siguen enganchados a ella, porque nada de esto es racional, es emocional y desequilibrado.


Con esto se llega a las dicotomías que separan a las personas. Cuando alguien entra en este círculo de idolatría y fanatismo acaba generando de forma automática una división con otras personas, la idea que subyace es, estás con nosotros o estás contra nosotros, algo que, por cierto, es el eslogan de las mafias.


Las personas terminan agrupándose voluntariamente junto a aquellos que comparten sus mismas ideas y que ven la vida igual que ellos. Y no hay absolutamente nada malo en hacer esto. El problema viene cuando consideras a otros, qué piensan diferente de ti, como el exogrupo, es decir, el enemigo.


Y así es como las personas pasan odiar a otras personas porque aman demasiado una ideología concreta. Sin darnos cuenta de que puedes llegar a tener muchas más cosas en común con esas personas, de las que piensas. Y que las cosas que te unen a ellos pueden que sean más importantes qué las cosas que te separan.


Y cómo lo aprovechan algunos…


Es evidente que esa tendencia natural en los seres humanos a apasionarnos por las cosas de esta forma es una herramienta demasiado jugosa para no ser aprovechada por los que nos gobiernan. Una población dividida es más fácilmente gobernable que una población unida. Tener a las personas divididas, separadas y peleadas entre ellas es muy útil cuando quieres hacer pasar ciertas leyes, o cuando quieres sembrar el caos, o cuando quieres realizar acciones ilegales, cómo llevarte el dinero de los impuestos a un paraíso fiscal.



La división de la ciudadanía en grupos artificiales es una táctica de control poblacional perfecta que sirve como una de las mejores cortinas de humo; mantiene a la población distraída todo el tiempo.


Sólo piensa en lo que pueden estar haciendo los gobernantes mientras tú y yo nos peleamos sobre lo bien que canta un artista, o sobre cuál de los dos está afiliado al mejor ismo o a la mejor ideología del mundo. Averiguar lo que pueden llegar a hacer nuestros gobernantes a nuestras espaldas hace que se te cure el fanatismo de repente...



Puedes escuchar el podcast correspondiente a esta entrada aquí.

La Psicología Responde