El psicópata que vendrá a salvarnos

Actualizado: 13 de dic de 2020

La idea del psicópata como alguien que nos puede librar de la violencia con más violencia, no tiene cabida ni siquiera en el cine.

De nuevo tenemos que hacer alusión al cine para hablar de la psicopatía. Desde hace un par de décadas la pantalla se empeña en mostrarnos a los psicópatas como personajes simpáticos, empáticos y, lo que es más, necesarios. En la mente retorcida del director y del guionista de cine y televisión, el psicópata sería la única persona capaz de hacer justicia y de acabar matando a los malos.

En un mundo violento donde la justicia no existe y las personas están gravemente decepcionadas por ello, subyace una auténtica sed de venganza, no ya de justicia -puesto que nos hacen confundir justicia con venganza-, y a veces nos encontramos con que los héroes elegidos para llevar a cabo esa justicia que tanto anhelamos, son los individuos menos apropiados para ello.

Antiguamente, los héroes eran personas buenas, con sentido de la ética, y con capa… Ahora, los héroes con los que tenemos que conformarnos, se parecen más a aquellos de los que supuestamente nos quieren librar, que al resto de los mortales.


Qué poco saben las personas que los psicópatas nunca harían nada para proteger a otras personas, y, de hecho, no lo hacen. Para los psicópatas el resto de nosotros somos solo instrumentos, cosas que ellos utilizan para su beneficio, para su placer, y para sus perversiones.

Los psicópatas se reconocen entre ellos y normalmente se unen en bandas o en asociaciones para delinquir juntos. Sondean a su alrededor y captan a otros como ellos rápidamente, por esa animalidad en la mirada que les caracteriza, por sus gestos y comentarios inhumanos, o por las compañías femeninas que van con ellos.


La sed de justicia que padecemos en este mundo, nos lleva a aceptar como justicieros a los individuos menos apropiados. No debemos caer en esa trampa.

Sí, los psicópatas se reconocen entre ellos y se unen para delinquir, y no es que sean compañeros, normalmente se utilizan unos a otros de la misma forma que utilizan al resto de las personas a su alrededor, pero mientras dure el negocio, serán capaces de mostrar algo similar a la camaradería, por el beneficio que cada uno pueda obtener.

Las mafias y las organizaciones criminales son justamente eso, bandas de psicópatas que se unen para sacar un beneficio común. Entre ellos existen jerarquías basadas en el nivel de psicopatía, porque este trastorno es una cuestión de grados. Al igual que los animales se unen en manadas donde el macho alfa es el líder, los psicópatas se unen también en manadas donde el más violento es al que todos temen y, por lo tanto, el jefe. Trabajarán juntos y obedecerán al líder, aunque en el fondo lo odien y deseen destronarlo para coronarse ellos. Puede darse el día en que el jefe muestre una debilidad y algún otro más violento acabe con él, y este pasará a ser el nuevo líder. En ese contexto, el psicópata será capaz de matar a otro psicópata. También pueden venderse unos a otros en caso de ser detenidos, porque en el fondo no son compañeros, solo animales que cazan juntos, pero nada más.



Ahora bien, un psicópata nunca mataría a otro psicópata como nos muestran en la pantalla. No va a esconderse tras una esquina oscura de tu vecindario esperando a que llegue un violador, un acosador o quien sea, para matarlo y librarnos al resto de nosotros del peligro que supone. No se llamen a engaño, el psicópata es el violador, que, efectivamente, se esconde en una esquina oscura de tu vecindario, pero no para hacer justicia contra los malos, sino para violentarnos a nosotros, los que no somos como ellos.

Un psicópata nunca mataría a otro psicópata que esté, por ejemplo, traficando con seres humanos. Si estamos de acuerdo en que ellos ven a las personas como instrumentos, entenderemos que a ninguno puede parecerle mal que otro psicópata trafique y explote a otros seres humanos, incluidos los menores. Muy al contrario, lo más probable es que este psicópata se asocie con el otro y trafiquen juntos. Por eso, la imagen del psicópata simpático es tan absurda e irracional, como inadmisible.

Lejos de ser simpáticos y empáticos, los psicópatas, que gobiernan el mundo en este momento, son el peor mal de la humanidad. Son aquellos que se llevan nuestro dinero a los paraísos fiscales; aquellos que secuestran, violan, torturan y asesinan a nuestros menores; los que se lucran con el negocio de la guerra y que coartan nuestras libertades; son también los que crean las leyes que protegen a todos los anteriores; y finamente, son aquellos que hacen películas y productos audiovisuales para convencernos a los demás de que los psicópatas son simpáticos y necesarios.

Aunque esta fantasía fuera realidad y el psicópata fuera capaz de hacer justicia matando a otros psicópatas, seguiría sin ser la forma correcta de hacer las cosas. Las personas civilizadas no solucionamos los problemas matando a otros, y no queremos caer en la trampa de pensar que esa sea la única solución a nuestros problemas.

Ya hablamos en otra entrada de cómo al psicópata le gusta pensar que todos somos iguales, y que todos adolecemos de los mismos bajos instintos que ellos. La realidad de la vida nos muestra un escenario muy diferente al que imagina el psicópata, con personas capaces de ayudar a otros, de sentir empatía (esta vez sí), de solucionar sus problemas pacíficamente, y de evitar recurrir a la violencia, porque el lenguaje que hablamos la mayoría no pasa por ahí.

Yo animo al lector a que saque la cabeza de la pantalla y a que salga un poco más a la calle y se relacione más con personas reales. Aunque haya algunos ejemplares capaces de cosas terribles, yo siempre voy a insistir en que el ser humano es bueno.


Puedes escuchar el podcast correspondiente a esta entrada aquí.

La Psicología Responde