La Falsa Memoria, esa falacia pederasta

Actualizado: 2 de nov de 2020

Monográfico sobre el Síndrome de la Falsa Memoria




Falsa Memoria es el nombre que se le da a un fantasioso fenómeno falso creado en los Estados Unidos en los años 90 que vamos a describir aquí.

Lo primero que me gustaría decir, en nombre de la correcta utilización del lenguaje, es que el ente en cuestión es tan falso y entró tan bien en la población desde el principio, que nadie se molestó siquiera en traducir su nombre correctamente. “Falsa memoria” vendría del inglés “false memory”, que en realidad se traduce como recuerdo falso, puesto que en eso se basa esta falacia: en unos supuestos recuerdos falsos implantados a propósito.

La Falsa Memoria es lo que yo llamo una falacia pederasta. Una falacia pederasta es una mentira compleja y elaborada creada por pederastas para protegerse a sí mismos. Esta falacia en particular se basa en la absurda creencia de que un terapeuta puede implantar recuerdos falsos en la mente de un paciente hasta que este acaba creyendo que eso que recuerda es cierto. Nació del miedo de los pederastas a las nuevas técnicas psicológicas, como EMDR o la hipnosis, capaces de desenterrar los recuerdos más traumáticos, olvidados por procesos de disociación.

Por definición, las falacias pederastas se circunscriben al abuso sexual, y todos sus argumentos se centran en eso exclusivamente. Es decir, la falsa memoria no se aplicaría en casos de personas que han sufrido accidentes o agresiones físicas en la calle. Si estos quieren denunciar a alguien tras recuperar sus recuerdos en terapia o donde sea, que lo hagan. Nadie los va a acusar nunca de tener “falsa memoria”. Los pederastas se retratan a sí mismos con sus acciones, que van siempre en la línea de acallar a las víctimas, o desprestigiarlas.

Esta falacia pederasta, junto al Síndrome de Alienación Parental (SAP), son ejemplos perfectos de cómo aceptamos sin rechistar las teorías de las personas acusadas de aquellos delitos que ellos defienden o promueven. ¿Aceptaríamos la teoría de un torturador confeso que haya escrito libros sobre lo conveniente que es la tortura para las personas? ¿Aceptaríamos la teoría de un terrorista confeso que haya escrito libros sobre el bien que el terrorismo les hace a los pueblos? Solo el mero planteamiento ya es absurdo. Pues, aunque les parezca mentira, eso es exactamente lo que se hizo, y se sigue haciendo con respecto a la falsa memoria. La falsa memoria es una invención nacida de la mente de unos pederastas, violadores de niños, que vinieron a convencernos a todos de que los abusos son buenos para los menores, al mismo tiempo que nos decían que los niños se inventaban esos abusos. Lamentablemente tuvieron mucho éxito.

Todo empezó cuando, en 1989 el Estado de Washington se convirtió en el primero en permitir que los adultos que comenzaban a recuperar recuerdos disociados de abuso sexual infantil presentaran demandas para recuperar daños.

Pues bien, rápidamente los pederastas se organizaron y crearon una asociación para defenderse. La llamaron la Asociación del Síndrome de los Recuerdos Falsos, FMSF por sus siglas en inglés (False Memory Syndrome Foundation). Porque hay que decir que, al igual que las bandas criminales y las mafias, los pederastas están muy bien organizados. No son personas caóticas, ni trastornados mentales que actúen de forma descoordinada. Muy al contrario: dado que entienden perfectamente que lo que hacen es un delito, y que pueden acabar en la cárcel por ello, organizarse es una forma de protegerse, y crear una barrera más fuerte que les ayude a librarse de la cárcel y, de paso, a fomentar sus peligrosas ideas; las asociaciones pederastas tienen también una función de propagación y difusión del ideario pederasta.

A pesar de denominar a la asociación como científica, los socios y componentes no tenían en común su espíritu científico ni su amor por la ciencia, sino su amor por los menores. Ralph Underwager fue uno de los miembros fundadores de la FMSF. Cuando se involucró en la formación de la FMSF, ya era bien conocido por sus puntos de vista contra la protección a los menores. Fue uno de los fundadores de VOCAL, un grupo precursor de la FMSF, que daba apoyo a personas que afirmaban ser falsamente acusados de abuso sexual. Underwager se había atrevido a declarar en los medios de comunicación y en los tribunales que el 60% de las mujeres víctimas de abuso sexual en la infancia afirmaban que la experiencia había sido "buena para ellas". Esta es una forma de quitarle hierro a la gravedad de los abusos y una forma de hacer pasar una de las ideas del ideario pederasta: que los abusos no hacen daño al menor.

En 1993 concedió una entrevista a la revista holandesa pro-pedofilia llamada Paidika: The Journal of Pedophilia, junto con su esposa, Hollida Wakefield, también psicóloga. La entrevista provocó una gran polémica y se vio obligado a dimitir de la Fundación de la Falsa Memoria.

Entre otras cosas, en esa entrevista Underwager afirmaba lo siguiente:

“Lo que me ha llamado la atención al conocer y comprender más a las personas que eligen la pederastia es que se dejan definir demasiado por otras personas. Esa suele ser una definición esencialmente negativa. Los pederastas dedican mucho tiempo y energía a defender su elección. No creo que deban hacer eso. Los pederastas pueden afirmar con valentía lo que eligen. Pueden decir que lo que quieren es encontrar la mejor forma de amar. También soy teólogo y como teólogo, creo que es voluntad de Dios que haya cercanía e intimidad, unidad de la carne, entre las personas. Un pederasta puede decir: ‘Esta cercanía es válida para mí dentro de las decisiones que he tomado’".

El discurso de Underwager siempre fue en la línea de defender la pedofilia y la pederastia, y aleccionar al público sobre cómo estos delitos son solo una orientación sexual más. Esto también forma parte del ideario pederasta y es algo que está calando profundamente en las sociedades de todo el mundo en los últimos años. El argumento de que la pedofilia es solo una orientación sexual más que hace sufrir a sus portadores porque no se les acepta socialmente tal y como son, está cada vez más extendido.

El resto de los miembros fundadores de esta asociación eran hombres acusados de abuso sexual, normalmente a sus propias hijas. Otro socio de la asociación fue el mago James Randi, que tenía también un interés particular en hacer creer a la gente que los recuerdos falsos existen: en una ocasión salieron a la luz pública unas conversaciones telefónicas sexualmente explícitas que él tuvo con adolescentes.

Otra miembro de la asociación desde el principio fue Elizabeth Loftus, profesora de psicología en la Universidad de Washington. El papel de Loftus era el de investigadora y perito en juicios por abusos sexuales. Y lo primero que hay que decir es que para actuar como perito en un juicio debes tener una formación específica en peritaje, algo que Loftus no tenía. Además, tienes que ser experta en el campo de estudio que defiendes en la corte, en este caso el abuso sexual, algo que Loftus tampoco era. Ella nunca había trabajado como clínico, puesto que siempre fue profesora de universidad. Por lo tanto, carecía de capacitación o experiencia clínica en psicología infantil, trauma, procesos de memoria traumática, evaluación de presuntos delincuentes sexuales, o el abuso sexual infantil en general. En pocas palabras, Loftus es y ha sido siempre una Intrusa.

Sin embargo, a veces llama la atención hasta qué punto el sistema judicial norteamericano hace la vista gorda a ciertas cosas y lo admite todo. La palabra que le viene a uno a la mente observando cómo ocurren las cosas en el circuito judicial norteamericano, es Circo.

El papel de Loftus fue y es muy importante para la extensión y aceptación de la idea de la falsa memoria entre la población. Ante las denuncias que las víctimas ya empezaban a poner en todo el país, salió rápidamente a la palestra afirmando que estas demandas presentaban “un desafío para los psicólogos”. "El desafío", según ella, era distinguir un recuerdo auténtico de uno falso, puesto que, siempre según ella, "un recuerdo traumático completamente falso podía plantarse en la mente de alguien”.

La teoría sobre esta falsa memoria era (y es aún) que los psicólogos podían plantar recuerdos de experiencias falsas en la mente de algunas mujeres influenciables. Esto resulta harto irrisorio cuando uno entiende la formación que han recibido la mayoría de los psicólogos en el mundo. Es decir, es posible influir a alguien, es posible aleccionar o adoctrinar a alguien. De hecho, La creencia en la falsa memoria es un adoctrinamiento mundial en toda regla. Es el ejemplo perfecto de cómo adoctrinar a la población mundial al completo.

Ahora bien, no es posible implantar un recuerdo retrospectivo en la mente de alguien. Y lo afirmo tajantemente, porque es algo que no se ha hecho jamás, a pesar de lo que afirme la leyenda. Pero, aunque fuera posible, la mayoría de los psicólogos en el mundo no tendría ni idea de cómo hacerlo. Ya hemos hablado de la mala formación que recibimos los psicólogos, y el mal estado de la psicología en la actualidad. Por eso afirmó que es irrisorio llegar a pensar solamente que un psicólogo pueda hacer algo como implantar un recuerdo en la mente de alguien con la formación que tenemos en la carrera y en los estudios de psicología. Los psicólogos no tenemos, ni hemos tenido nunca ese poder sobre la mente de otras personas.

En cualquier caso, las técnicas a través de las cuales estos malintencionados psicólogos implantaban recuerdos falsos en sus clientes no han sido nunca especificadas. Es decir, en ninguno de los cientos de estudios que se han hecho, supuestamente, sobre la implantación de recuerdos falsos en la memoria, aparece especificado cómo se implantan esos recuerdos. Tampoco lo han especificado nunca los peritos expertos, como Loftus, en los múltiples juicios que se llevaron a cabo, sobre todo en los años 90, en los cuales se alegaba la falsa memoria como defensa a favor del pederasta.

En pocas palabras, la supuesta técnica de implantación de recuerdos no ha sido explicada nunca, nadie la ha visto por ninguna parte, no se sabe qué aspecto tiene, cuáles son sus características, de qué color, tamaño o forma es, o cómo huele…

En defensa de las víctimas hay que explicar que hablar de unos abusos sexuales es algo muy difícil. Los que conocemos la problemática sabemos hasta qué punto es difícil para una víctima hablar de lo que le ha ocurrido, y mucho menos denunciarlo. La víctima que se atreve a hablar de sus abusos se arriesga a exponerse al estigma social, a la vergüenza, a que no la crean, a ser traicionada e incluso agredida. A veces todo esto ocurre a manos de la propia familia donde se da el abuso, como ya hemos explicado. Esto explicaría que la mayoría de las víctimas de agresiones sexuales, y en concreto las de abuso sexual no denuncien nunca ni le cuenten nunca a nadie lo que les ha ocurrido. En las dos últimas décadas podemos decir que gran parte del silencio de las víctimas se lo debemos a la leyenda de la falsa memoria.

Pues bien, con la intención de probar La existencia de este supuesto síndrome, Loftus comenzó a generar una serie de (pseudo) estudios. Todo ello, con la financiación de la organización pederasta de la falsa memoria.

Comienza la farsa – Historia de una chapuza


Para apoyar su teoría, Loftus creó un supuesto estudio llamado “Perdido en un centro comercial” en el año 1992. Para ello eligió a uno de sus estudiantes de universidad llamado James Coan. Lo designó como coinvestigador jefe. Eligieron a unos sujetos de estudio a los que pretendían implantar recuerdos. A los familiares de estos sujetos se les pidió que proporcionaran a Coan tres historias de infancia reales sobre los sujetos y que describieran un típico día familiar de compras. Basándose en las descripciones proporcionadas por las familias, se creó una historia falsa para cada sujeto según la cual se habían perdido de niños durante un día de compras en un centro comercial.

A los sujetos les decían que sus familiares dijeron que los eventos inventados habían sucedido de verdad. Les contaron cómo se habían perdido aquel supuesto día, combinado esta historia con otras historias auténticas. Después les pidieron que repitieran las historias y que trataran de recordar más detalles de aquel día. Finalmente, a los sujetos les decían que uno de los recuerdos era falso y se les pidió que eligieran el recuerdo falso. Los seis sujetos que habían completado el estudio pudieron identificar correctamente el recuerdo falso. Todo esto lo sabemos porque el propio James Coan lo explicó en su trabajo de final de grado.

Ante el fracaso del experimento, Loftus asignó a Coan a otro profesor, y designó a otros tres estudiantes para llevar a cabo una nueva versión del estudio. Eran Jacqueline Pickrell, Maryanne Garry y Chuck Manning. De los resultados del segundo experimento, completado en 1994, Loftus informó en una conferencia que, "Alrededor del 10 por ciento de los adultos (2 de los 24 sujetos) salieron con un recuerdo elaborado específico". Hay que especificar que los hechos podían recordarse de forma “total” o “parcial”.

Sin embargo, este 10% no es del todo cierto. De los dos sujetos que afirmaba que salieron con recuerdos “elaborados”, el primero de ellos, aunque se describió en principio como "convencido", después se comprobó que había relatado a los investigadores lo que parecía ser una experiencia real de perderse en un supermercado, que adaptó al falso recuerdo que le contaron. La segunda persona que se afirma que salió con un recuerdo elaborado, se describió a sí misma como "engañada" durante el experimento. Sin embargo, cuando le pidieron que eligiera el recuerdo falso, eligió el recuerdo del centro comercial. Por lo tanto, parece que no se implantaron recuerdos falsos en el estudio del centro comercial, ni en el primer intento, ni en el segundo.

A pesar de todo, en un informe posterior, y por arte de magia, los dos sujetos de los que se informaron inicialmente en 1994 se habían convertido en cinco en el estudio publicado. Se habían hecho entrevistas posteriores al experimento y las conclusiones eran las siguientes:


"Del total de 24, 19 sujetos eligieron correctamente el recuerdo falso como falso, mientras que los cinco restantes pensaron incorrectamente que el evento falso era verdadero. Estos hallazgos revelan que se puede hacer creer a la gente que les sucedieron eventos completos después de sugestionarles al respecto" (Loftus y Pickrell, p. 723).

No hace falta ser un científico para darse cuenta de que estos argumentos hacen agua por todas partes. Pero sobre todo para una persona que ha estudiado alguna carrera de Ciencias, o incluso para un psicólogo, lo explicado hasta aquí debería bastar para entender que estamos ante una gran tomadura de pelo. Nótese que las autoras hablan aquí de “hacer creer” y de “sugestionar” a las personas, y no de implantar recuerdos. Hablan de cómo puedes hacerle creer a una persona que le sucedió algo por medio de la sugestión. Hablan de creencias, y no de recuerdos, y hablan de sugestión y no de implantación.

Por supuesto que podemos sugestionar a otras personas. Y no solo los psicólogos. Los publicistas lo hacen todo el tiempo. Otra cosa es que puedas manipular la mente de otra persona hasta el punto de convencerlo de que está recordando algo que nunca ocurrió, en retrospectiva. En cualquier caso, ni siquiera la sugestión les funcionó, a juzgar por los argumentos de los propios sujetos experimentales.

Por otro lado, las implicaciones científicas y terapéuticas del estudio se circunscriben a una situación muy concreta y muy poco probable. Lo que sugiere el estudio es que, si un terapeuta concibiera un recuerdo de trauma infantil para un cliente, le tendría que decir primero que “Un familiar tuyo que estaba presente en aquel momento me dio esta información”. Es decir, el estudio se limita a una situación concreta en un contexto concreto, con muy poca validez externa.

La validez externa en ciencia mide el grado en que el experimento permite la generalización a otros contextos. En este caso, el propio diseño del experimento lo limitaba a un contexto muy preciso y poco generalizable.

Hay más factores que refuerzan la crítica sobre la validez externa. Y es que Loftus trabajaba con recuerdos infantiles no traumáticos. Sin embargo, los recuerdos traumáticos tienen características especiales que no comparten los recuerdos normales. Estas particularidades hacen que el experimento en el centro comercial u otros similares, caso de haber tenido éxito, tengan una validez nula en lo que respecta a los recuerdos disociados por trauma, y por lo tanto no tiene sentido que se utilicen en un juicio por abusos sexuales en la infancia, que son eventos traumáticos.

Los recuerdos traumáticos suelen ser mucho más específicos y detallados. Aparecen normalmente enmarcados en un momento puntual del espacio y el tiempo. Muy a menudo la víctima no puede recordar ni el inicio ni el final, pero sí recuerda los hechos en sí. Es decir, podemos no recordar cómo llegamos a ese lugar, ni cómo nos fuimos, o lo que estamos haciendo allí, pero recordamos lo que ocurre durante la experiencia en sí. Toda la investigación en la materia nos muestra que la memoria graba al detalle el evento traumático, sin considerar el resto de la experiencia. Nada que ver con el recuerdo de un evento normal de la vida, en los que las personas suelen recordar de forma episódica el principio, el contenido, y el final de las historias. Si queremos hacer estudios sobre el recuerdo, falso o no, de experiencias traumáticas, tendremos que utilizar experiencias traumáticas para elaborar el estudio, y esto tampoco se ha hecho nunca.

Tampoco el estudio sobresale por su validez interna, que es el núcleo de cualquier estudio que se precie. La validez interna se refiere al grado en que un experimento excluye las explicaciones alternativas de los resultados. Ya hemos visto que uno de los sujetos de estudio afirmó que confundió el recuerdo falso con uno verdadero de su infancia. Este dato prueba que puede haber explicaciones alternativas a la supuesta generación de recuerdos. Por otro lado, los sujetos fueron elegidos al azar y no se les hicieron ningún tipo de cribado con escalas psicológicas ni de otro tipo. Es decir, no se pueden descartar procesos mentales (o incluso trastornos) que puedan interferir en cómo estas personas aceptan o entienden la historia que se les cuenta. Tampoco se investigó la relación de los sujetos de estudio con sus familiares, o el nivel de influencia de estos sobre aquellos. Tampoco se midió el nivel de sugestibilidad de los sujetos o la facilidad con la que podían ser influidos, una variable que no es igual para todo el mundo. Otra variable importante para tener en cuenta en este tipo de experimentos es la deseabilidad social. Esta variable nos habla de la necesidad que tienen algunos sujetos de estudio de caerle bien al experimentador. Para ello, el sujeto hará lo que piensa que se espera que haga, o favorecerá en alguna manera el resultado experimental que se quiere. La deseabilidad social está vinculada al Efecto Hawthorne, que se basa en que, si las personas saben que son sujetos de un experimento, cambian automáticamente su comportamiento.

En definitiva, hay muchas variables que pueden alterar los resultados de un estudio, y si no se tienen en cuenta, los resultados pueden quedar comprometidos.

Por otro lado, tenemos la fiabilidad experimental. La fiabilidad se basa en la repetición del experimento original por otros investigadores, con resultados similares. Otros investigadores deben poder ser capaces de realizar el mismo experimento bajo las mismas condiciones y generar los mismos resultados. Tras un número importante de estudios con los mismos resultados o similares, la comunidad científica aceptará la hipótesis. Si no hay una replicación de resultados estadísticamente significativos, el experimento y la investigación no habrán cumplido todos los requisitos de verificabilidad que se le requieren a una hipótesis. Este requisito previo es esencial para que una hipótesis se establezca como una verdad científica aceptada. Sin embargo, como vamos a ver, a pesar de los intentos, este estudio no se replicó con éxito nunca. Es decir, solo existe un estudio sobre la falsa memoria en el que se supone que se pudo implantar un recuerdo, pero que, como estamos viendo, tampoco es del todo cierto. Aun así, esta estafa se aceptó como auténtica desde el primer día.

Se plantean además muchas cuestiones relativas a la forma de llevar a cabo el estudio. Por ejemplo, el hecho de no utilizar grupo control. El grupo control está conformado por un grupo de sujetos experimentales con las mismas características que el primero, solo que con estos no se llevará a cabo el experimento, y servirá para comparar los resultados del primer grupo. Por ejemplo, en un estudio médico sobre un fármaco nuevo se utiliza el grupo control para darles un placebo, mientras que al grupo experimental se le da el fármaco auténtico. Después se comparan los resultados de ambos grupos y se extraen conclusiones sobre qué efectos se pueden deber al medicamento. Si no se brindan pruebas suficientes de grupos control, los resultados de los estudios pueden quedar invalidados.

Pero hay más. Cuando probamos una terapia nueva en una muestra de individuos hacemos pruebas y entrevistas antes, durante y después de la aplicación de la técnica. Pero, además, se hace un seguimiento de los sujetos de estudio a largo plazo, a los tres, seis, nueve y 12 meses tras la finalización del estudio. Las repeticiones de los seguimientos pueden variar y pueden ser más, o menos, dependiendo de muchas variables, entre ellas el presupuesto. Pero digamos que en un estudio que se precie, cuando hacemos experimentación con humanos, sobre todo cuando hemos llevado a cabo técnicas que pueden afectar a sus rasgos de personalidad, a su memoria, a su cognición o etcétera, hay que llevar a cabo un seguimiento. En este contexto particular en el que nos encontramos, para poder afirmar que ha habido una implantación de recuerdos tendríamos que entrevistar a los sujetos de estudio unos meses después de realizado el experimento, sin haberles dicho en qué consistía el experimento y permitiendo que siguieran creyendo que aquel recuerdo era auténtico. En esas entrevistas posteriores habría que ver si el sujeto sigue creyendo lo que se le contó como recuerdo auténtico. Finalmente, en una última entrevista se le explicaría la verdad y se observaría su reacción. Podríamos hablar de una implantación exitosa de un recuerdo falso solamente en aquellos casos en los que el individuo se niegue a creer que aquel recuerdo es falso. Es decir, cuando el sujeto siga creyendo que aquello le ocurrió a pesar de que se le dice que era mentira. Eso sería por definición lo que podríamos considerar implantación de un recuerdo falso. Cualquier otra cosa es charlatanería.




Ya en 1974 Loftus estudiaba la memoria. Creó un estudio muy famoso con otro investigador en el que mostraban a los participantes vídeos de accidentes de coche: Se les indicaba que los coches iban a una velocidad concreta. Después, manipulaban la percepción de los participantes empleando diferentes palabras para ver sus reacciones ante las diferentes explicaciones del accidente. Por ejemplo, en algunos casos usaban la palabra “colisionar” o “golpear”, y en otros casos usaban la palabra “romper”, “aplastar”, o “hacer añicos”. Cuando usaban estas últimas palabras los participantes tendían a afirmar que los coches iban a una mayor velocidad que la que se les había indicado al principio. Este estudio se utiliza como ejemplo para poner en entredicho la credibilidad del testimonio de los testigos de accidentes. También se aprovecha para demostrar que el recuerdo humano es susceptible de ser sugestionado. A pesar de que hay críticas de peso contra la validez de este experimento (de nuevo la validez), no nos vamos a centrar en eso.


Lo que nos importa aquí es que este estudio nos habla de cómo se puede sugestionar la memoria, y no de cómo implantar recuerdos, de nuevo. Y estas son dos cosas muy diferentes. Sin embargo, muchos de los estudios que se han hecho relacionados con la supuesta implantación de recuerdos falsos se basan en estudios sobre la sugestibilidad de la memoria.

Por otro lado, y aún más importante, es que la memoria tiene unas particularidades específicas que en estos estudios se confunden y se malinterpretan. En toda la retórica a favor de la falsa memoria, los errores normales de especificidad de la memoria, o la dificultad para acceder a un recuerdo, se convierten automáticamente en pruebas de recuerdos falsos. Y esto no afecta específicamente a las supuestas falsas memorias, sino que el estudio de la memoria en general ha quedado radicalmente pervertido a causa de la invención del síndrome de los falsos recuerdos. Esto lo vemos incluso en aquellos casos en los que no hay intereses implicados, como por ejemplo ganar un juicio. El mero estudio de la memoria ha quedado distorsionado y tergiversado, y uno ya no sabe qué es verdad y qué no lo es.

Otra muestra de que todo lo que tiene que ver con el estudio de la falsa memoria es una falacia pederasta, es el hecho de que muchos aspectos de la creación de recuerdos falsos no se han estudiado. Por ejemplo, el potencial de los pederastas para manipular la memoria de los niños para no ser denunciados. El abuso sexual es algo que podemos considerar una “programación” mental en toda regla. Estos violadores manipulan y confunden a la víctima a propósito, antes, durante y después de los hechos.

Y esta forma tan selectiva de considerar válidos los hechos en cuestión es algo que la falsa memoria tiene en común con el SAP. El SAP solo se considera válido cuando el adulto alienador es la madre. Cuando el padre maltratador intenta alienar al hijo en contra de la madre maltratada, algo que ocurre con frecuencia, los expertos no lo consideran SAP.


Lo dicho: por sus hechos los conoceréis.

Mala conducta, falsedad documental, falta de ética, acoso y otras cosas que hacen los científicos


En 1995, los investigadores Koss, Tromp y Tharan informaron de evidencias encontradas sobre una posible mala conducta de investigación en un estudio de Loftus realizado en 1982. El informe sobre la mala conducta de Loftus indicaba que mentía al describir los resultados de su estudio afirmando que habían conseguido un resultado totalmente opuesto al que se consiguió en realidad.

Más tarde, en 1999, otros dos investigadores, Crook y Dean, proporcionaron evidencia que sugería que Loftus había tergiversado los hallazgos publicados del estudio del centro comercial como seis sujetos, y no cinco, en el testimonio de testigos expertos. Además de esto, en su revisión del estudio sobre perderse en un centro comercial, entre otras críticas, estos autores afirmaban que:


  1. Las conclusiones del estudio contenían ambigüedades como usar el término “prueba” en lugar de “evidencia”. Esto, que puede parecer un detalle sin importancia, es crucial a la hora de comprender los resultados de un estudio. Primero, no es correcto hablar de “pruebas” en lo que respecta a la investigación del comportamiento humano, sino de “evidencias”. Por otro lado, en el estudio no se “prueba” nada. Este es un estudio sin grupo de control y, por lo tanto, afirmar que tienen pruebas de algo es injustificable. Finalmente, este lenguaje parece más encaminado a ofrecer titulares a la prensa, que a ofrecer un trabajo científicamente bien hecho.

  2. La sección Método está incompleta. En la sección método de un estudio se debe incluir el modo en que se ha llevado a cabo y los criterios usados en él. En este estudio en particular no se incluían los criterios utilizados para diferenciar entre los participantes que creyeron “totalmente” el falso recuerdo y los que lo creyeron solo “parcialmente”. Durante las entrevistas algunos participantes afirmaban que no recordaban haberse perdido, pero luego continuaron especulando sobre "cómo y cuándo pudieron haberse perdido". Al no haber incluido los criterios utilizados para el cribado de los participantes, es imposible saber si el hecho de especular sobre cómo pudo haberse perdido de pequeño, cuenta como “recuerdo parcial” del participante (a pesar de haber afirmado que no lo recordaba). En pocas palabras, Loftus pudo haber añadido en su estudio a sujetos que habían afirmado claramente que no recordaban, como sujetos que habían afirmado que recordaban “parcialmente”.

  3. A causa de lo anterior, los resultados están incompletos. No hay datos en el estudio que dejen claro cuántos participantes estaban plenamente convencidos y cuántos parcialmente convencidos. Esto significa que los porcentajes finales pueden no estar basados en hechos.

  4. La revisión por pares no es correcta. Los estudios científicos pasan por lo que se conoce como revisión por pares. Es decir, otros colegas expertos en la materia leen tu estudio y lo revisan para detectar errores. La revisión por pares en este estudio se limitó a un grupo de estudiantes de último año de la universidad de Loftus y a un colega suyo de otra universidad.

Todo esto sin contar la falta de ética en todo el desarrollo del estudio. Hay evidencias de que Loftus y su equipo comenzaron el estudio antes de obtener el permiso que se requiere del comité de ética para experimentación con humanos. Tampoco se informó debidamente a los participantes de los efectos que podría tener en ellos la supuesta implantación de recuerdos o la manipulación de su memoria.

Estos autores concluyen su revisión de este modo:


“(…) Aunque reconocemos que pueden darse recuerdos inexactos y erróneos, debemos concluir que el estudio del centro comercial de Loftus y Pickrell no respalda de ninguna manera la noción de que los terapeutas puedan implantar falsos recuerdos autobiográficos de abuso en la infancia. Finalmente, sugerimos que cualquier decisión legal que se haya basado en afirmaciones de que el estudio del centro comercial proporciona tal evidencia debe ser reexaminada cuidadosamente. Los tribunales de apelación deben ser especialmente cautelosos a la hora de basarse en el estudio o citarlo como respaldo autorizado a la proposición de que se pueden implantar recuerdos falsos de abuso sexual, porque una vez que un estudio se cita de esa manera en una decisión de apelación, adquiere un valor que tal vez no merezca. y puede influir indebidamente en otras decisiones judiciales.”


El mismo año, dos mujeres presentaron sendas denuncias por falta de ética ante la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) contra Loftus. Jennifer Hoult y Lynn Crook alegaban que Loftus había descrito erróneamente los hechos de sus casos legales en dos artículos escritos por ella. Estas dos mujeres que denunciaron a Loftus habían ganado los juicios que habían llevado a cabo contra sus padres por abusos sexuales en la infancia. En sus juicios presentaron evidencias suficientes de sus alegatos y ganaron ambas.

En el caso de Jennifer Hoult, Loftus distorsionó y falsificó datos y usó afirmaciones erróneas para tergiversar el caso en contra de ella. La corte estadounidense le había otorgado a Jennifer 500 000 dólares en concepto de daños por los abusos sufridos por su padre. Y a pesar de que el padre recurrió la sentencia, todos los tribunales a los que apeló le dieron la razón a ella. Después, el padre se unió a la Fundación de la Falsa Memoria…

A raíz de estas denuncias, Loftus renunció a su puesto en la APA, de la que formaba parte. En consecuencia, la APA se negó a investigar las denuncias de estas mujeres, por lo que nunca se pudo juzgar a Loftus ni se pudo llegar a aclarar el caso.

No fue la única vez que la APA toma decisiones inapropiadas con respecto a los casos de abusos en la infancia. De hecho, mostró cierta simpatía por la fundación pederasta de la falsa memoria, habiéndoles concedido la aprobación como CE Sponsor (Continuing Education Sponsor). Esto es un programa de subvenciones que concede la APA a diferentes asociaciones para poder seguir haciendo investigación. Resulta cuando menos escandaloso que la APA les conceda subvenciones a asociaciones dirigidas por pederastas confesos.


Continuando con la mala conducta de estos individuos, hablaremos del caso de Anna Salter. Salter es una psicóloga especializada en abuso sexual en la infancia y en perfiles psicópatas y de agresores sexuales. Ha escrito libros y artículos que son auténticos referentes en la materia. Salter es el tipo de especialista que a Loftus le gustaría ser. Salter también ha trabajado como perito en juicios sobre abusos sexuales, pero esta vez con conocimiento de causa; Salter sí es una experta.

Pues bien, en los años 90, Salter publicó una monografía muy detallada sobre las tergiversaciones sistemáticas publicadas por Underwager sobre los supuestos recuerdos falsos. Esta monografía se llamaba: "Precisión de los peritos forenses en casos de abuso sexual infantil: un estudio de caso de Ralph Underwager y Hollida Wakefield".

La monografía era muy crítica con un libro que había escrito Underwager. Establecía claramente cómo el libro tergiversaba estudios, extraía citas fuera de contexto y las redactaba de manera engañosa. Además, atribuía a diferentes estudiosos posiciones con respecto a la materia que alguna vez tuvieron, pero que habían repudiado con el tiempo, a la luz de investigaciones más recientes, solo para darle peso a sus argumentos. Finalmente, ignoraba la evidencia que contradecía su tesis. Underwager presentó varias demandas judiciales contra Salter, pero todas ellas fueron desestimadas antes de llegar a juicio por insustanciales.

Como queda patente, la manipulación de la información, la mala conducta, la falsedad documental, y la falta de ética han sido siempre los pilares en los que se ha basado el comportamiento de los integrantes de la FMSF y promotores de la falsa memoria.

Además, como práctica habitual, la FMSF se dedicaba a atacar a los psicólogos que trabajaban con supervivientes de abuso infantil. Los acusaban, siempre sin pruebas, de alentar a los clientes a inventar recuerdos de abuso. Desde entonces, muchos psicólogos norteamericanos han sufrido y sufren acoso, ataques físicos, escraches en su propio hogar, amenazas, difamación, invasión de la privacidad y acusaciones por parte de partidarios de la FMSF.

A su vez, grandes sectores de la psicología y el público en general comenzaban a creerse que un psicólogo podía implantar recuerdos en la mente de un paciente. Nadie pareció pararse a pensar por qué, si era tan fácil crear recuerdos falsos, los psicólogos no creaban recuerdos de infancias felices.

No tiene mucho sentido crear recuerdos de unos terribles abusos para hacer al paciente sentirse peor. El psicólogo no gana nada con eso y puede perder mucho. En un caso de denuncia por abusos, el psicólogo tendría que realizar un informe y presentarse a juicio a testificar, y arriesga mucho haciendo eso si los cargos fueran falsos. Y aunque no haya juicio, si el paciente tuviera sospechas de que el psicólogo le ha manipulado la memoria (en caso de saber cómo hacerlo) podría denunciarlo, y el psicólogo podría perder su licencia. En ese sentido, llama la atención que las únicas denuncias que recibían los psicólogos en aquella época eran por parte de la Fundación de la Falsa Memoria y de personas afines a esta, y no por parte de ningún paciente ofendido porque algún psicólogo le hubiera manipulado la memoria.

Otro argumento de peso que muestra hasta qué punto es absurdo culpar a los psicólogos de implantar recuerdos en la mente de sus pacientes, es que, en la mayoría de las ocasiones, las personas recuerdan los abusos estando solos en sus casas, o bien, ante eventos concretos en su vida, como tener un bebé, o etc.; o cuando muere el perpetrador y las posibles partes disociadas de la personalidad comienzan a sentirse más seguras. De hecho, muchos de ellos se deciden a empezar una terapia a raíz de estos recuerdos.

Con respecto a la naturaleza de los recuerdos también habría mucho de lo que hablar. Muchos de estos eran recuerdos de lo que se llama Abuso Ritual. El abuso ritual es llevado a cabo en grupo y de forma ritualista, en lugar de ser el abuso simple que puede llevar a cabo el padre contra sus hijos en su hogar. Se trata de unas violencias realizadas de forma concreta y de una naturaleza y una especificidad difíciles de comprender y de inventar. Como muchos estudios después han probado, habría sido imposible que los menores hubieran conseguido inventarse unas violencias como las que se llevan a cabo en estos rituales. Tampoco el psicólogo tipo de la época tenía la información, o la imaginación como para sacarse tales escenarios de la nada e implantarlos en la mente de nadie. Por otro lado, se reportaban denuncias de este tipo a lo largo y ancho de todos los Estados Unidos y en otros países. Sólo la mala intención o el empeño de proteger a los pederastas explicaría que aquello se entendiera como un pánico sin sentido desatado en la población, que al parecer se copiaban los argumentos unos a otros.

Y llegamos a 1997. Varios investigadores (Pezdek, Finger y Hodge) intentaron replicar el experimento de Loftus sobre implantación de recuerdos falsos. Ellos también fallaron en su intento, en este caso al intentar convencer a los sujetos de que tuvieron un enema cuando eran niños. Era el tercer intento que fallaba.

Al mismo tiempo, los psiquiatras David Corwin y Erna Olafson publicaron un estudio de caso en el que habían grabado unas entrevistas a una paciente en las que recordaba abusos disociados cometido contra ella por su madre cuando era niña. Era una evidencia de que pueden recordarse los abusos disociados y de cómo pueden surgir de forma espontánea.

Pues bien, cuando se enteró de esto, Loftus viajó a California para entrevistar a los familiares de la paciente grabada, llamada Nicole. Mintió haciéndose pasar por la supervisora ​​de David Corwin, el psiquiatra que había grabado la entrevista. En 1999, Nicole presentó una queja por falta de ética contra Loftus ante la Universidad de Washington. La universidad abrió una investigación que duró 20 meses, durante los cuales a Loftus no se le permitió discutir el caso. Tras esos 20 meses, la universidad requirió que Loftus completara un curso de ética y restringiera su relación con la madre de Nicole.

En premio a su falta de ética, a Loftus la contrataron en la Universidad de California como Profesora Distinguida en junio de 2002. Y en agosto de 2003, la Asociación Americana de Psicología la nombró para el Premio de Aplicaciones de Psicología por su Distinguida Contribución Científica.

En 2002, Loftus y Melvin Guyer publicaron un artículo en el que se tergiversaba todo lo que aparece en las entrevistas grabadas a Nicole, acusando al psiquiatra de mala conducta y a Nicole de mentirosa. Nicole presentó una demanda contra Loftus y varias asociaciones, incluida la Universidad de Washington, por invasión de privacidad, difamación y calumnias, negligencia, y por infligirle angustia emocional y daños de forma intencional. En febrero de 2007, la Corte Suprema de California desestimó todos los cargos, excepto el de la invasión de privacidad.

Expansión de la asociación y de su ideario


A pesar de los pésimos resultados en los estudios realizados; a pesar de su poca fiabilidad y validez; y a pesar de lo absurdo de considerar a unos pederastas como las personas más válidas para crear una teoría sobre los recuerdos de unos abusos sexuales, tanto el ideario cómo la institución FMSF se expandieron por varios países del mundo.

Después de la formación de la FMSF en 1992, se creó otra asociación afiliada en Australia en 1993, aunque duró muy poco. El principal portavoz australiano de la asociación era un psiquiatra, Gerome Gelb, al que denunciaron por plagio y que fue posteriormente arrestado por llevar una pistola cargada a un tribunal en Melbourne en el 2007. Fue suspendido dos veces de la práctica como psiquiatra: una por abusar sexualmente de una paciente y otra por delitos con armas de fuego.

Otras asociaciones similares abrieron y cerraron en poco tiempo en diferentes partes de Europa, como en Inglaterra y en Holanda.

La propia asociación norteamericana, la original, cerró sus puertas hace tiempo. Pero no importa, el mensaje sigue vivo y ya no les hace falta una institución que lo sustente. Su función fue la de plantar la semilla y en eso tuvieron mucho éxito.

No está mal, tratándose de un supuesto síndrome cuya existencia nunca llegó a probarse.


El papel de la prensa


Lógicamente, si no hubiera sido por el papel de la prensa en todo el circo, la falsa memoria no habría pasado de ser una mala broma entre psicólogos.

Empezando con el estudio del centro comercial, sus resultados se tergiversaron de manera generalizada en los medios de comunicación, en revistas académicas y en testimonios en los tribunales, para hacer creer al público que los terapeutas pueden implantar recuerdos falsos de abuso sexual en sus clientes. A partir de ahí, cualquier estudio que sugiriese que había un rastro de algo similar a un falso recuerdo implantado, se traducía inmediatamente por la prensa en: ¡Un nuevo estudio prueba la implantación de recuerdos falsos!


En nombre de la ética, al científico se le exige que corrija a la prensa cuando los periodistas leen un estudio de forma incorrecta. Pues bien, a pesar de las inexactitudes, tergiversaciones e incoherencias de la prensa, ni Loftus ni su equipo hicieron nunca ningún esfuerzo para corregirlas. Permitieron que se generara una bola de nieve que acalló a los posibles denunciantes y que desacreditaba a las víctimas sin compasión.

En cada entrevista que daba Loftus en la prensa, los resultados del estudio del centro comercial se inflaban cada vez más. “Falsa memoria” se convirtió en el concepto de moda y se lanzaba indiscriminadamente al público en programas de debate, en programas de entrevistas y en programas basura. Las víctimas terminaban siendo los acusados y se intentaba a cualquier precio convencerlos para que reconocieran que sus recuerdos eran falsos. Fue (y es aún hoy) un adoctrinamiento generalizado a toda la población.

La falta de ética y de sentido de la responsabilidad por sus actos que siempre ha caracterizado a los medios de comunicación, llegó a su máximo esplendor en la década de los 90 en los Estados Unidos.

Pero no solo la prensa le hacía la ola a la mentira de la falsa memoria. La comunidad científica al completo parecía haber perdido la lucidez y el sentido crítico: Pasando por alto que la mayoría de los participantes (19) en el estudio del centro comercial no habían creído el recuerdo falso; y pasando por alto también que el número de 5 participantes que sí lo creyeron estaba inflado, algunos “investigadores” afirmaban que: "En el famoso estudio Perdido en un centro comercial, la Dra. Loftus demostró que recuerdos falsos de la niñez podrían implantarse en el 25 por ciento de los sujetos de investigación simplemente por sugestión." (Morrison, 1996, p. 52).

O bien, en una presentación en la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, un colega presentaba el caso así: "Con solo un poco de persuasión, aproximadamente una cuarta parte de los sujetos del estudio creyeron que aquello les había sucedido". (Haney, 1997)

Estas declaraciones ilustran la tendencia de las fuentes secundarias (periodistas, académicos y, de hecho, la propia Loftus) a sobrestimar, por un lado, la facilidad con la que se hizo creer a los participantes en el estudio original un evento autobiográfico falso, y, por otro lado, el grado en que la manipulación experimental tuvo éxito.

Anna Salter, de nuevo, en una entrevista del 16 de septiembre de 1993, explica el comportamiento de la prensa del siguiente modo:


“He defendido casos en juicios que luego no fui capaz de reconocer en la televisión. Eso me pasó el año pasado. Cuando me dijeron que el caso que estaba viendo en la televisión era el caso en el que yo había testificado, me costó creerlo. Un periodista afirmaba que se trataba de un caso de unos fiscales demasiado entusiastas, y que el padre había sido acusado falsamente. El reportero no habló en ningún momento del histórico del hombre abusando sexualmente de niños. Sí, generaba indignación lo que te presentaban en la televisión. El problema es que no tenía nada que ver con los hechos del caso"


Por qué lo creímos entonces y por qué seguimos creyéndolo hoy


La falsa memoria ya ha quedado desacreditada, al menos parcialmente. Sin embargo, el discurso de la incredulidad no ha desaparecido aún. La semilla plantada hace treinta años perdura grabada en nuestros oídos, en nuestros ojos, en nuestros cerebros.

Nunca ha habido una base científica para el Síndrome de la Falsa Memoria. Ningún estudio lo ha confirmado nunca. Nunca ha sido aceptado como un diagnóstico válido por ninguna organización profesional. Sin embargo, parece que, para millones de personas en el mundo, la falsa memoria es un hecho. Ninguna mentira de este tamaño había llegado nunca tan lejos en la historia de la humanidad, ni había hecho tanto ruido.

No solamente no existe una base científica para la falsa memoria, es que existen numerosos estudios que confirman la amnesia traumática y el recuerdo posterior. Y no solo en el abuso sexual sino, por ejemplo, entre los veteranos de guerra y en las experiencias en campos de concentración.

En ese sentido, nadie se atrevería a decirle a un veterano de guerra que padece falsa memoria, cuando te cuenta que tuvo un recuerdo que había olvidado de un evento muy traumático durante la guerra en la que participó. Esta es una acusación que se reserva para los supervivientes de abusos sexuales.

La existencia de la disociación y de la amnesia psicógena de eventos traumáticos es tan real que la propia Loftus la reconoce, llevándose la contraria a sí misma:

Loftus participaba con un grupo de trabajo de la APA sobre la investigación de recuerdos de abuso sexual en la infancia. Este grupo, con ella incluida, admitió la existencia de la disociación y posterior amnesia de eventos traumáticos y del fenómeno de recuperación de los recuerdos disociados. Ella misma llegó a admitir que, “Es posible recuperar los recuerdos de abusos que se han olvidado durante mucho tiempo." A este grupo de estudio le preocupaba más el mecanismo por el cual vuelven los recuerdos, que el hecho de que la amnesia ocurra. Loftus llegó a reconocer que la disociación de un evento traumático es un fenómeno reconocido. Sin embargo, aún hoy la podemos ver poniendo en tela de juicio que haya estudios que prueben la disociación, como en esta entrevista. (En el minuto 12:28 afirma que no hay evidencia para esta idea, refiriéndose a la disociación de recuerdos traumáticos y a su posterior recuperación).


En otra ocasión, en un estudio que ella misma realizó sobre recuerdos de abuso sexual, sus propios resultados informaban de que el 12% de las víctimas afirmaban recordar partes del abuso, pero no todo, mientras que el 19% afirmaban que olvidaron los abusos durante un tiempo y luego volvieron a recordarlos. (Loftus, et al., 1994)

Finalmente, valida y da por buena la experiencia de víctimas de abuso sexual que se reconocen incapaces de recuperar recuerdos de sus abusos hasta muchos años después de terminados, recogido en un estudio realizado por otros investigadores. (Bass, A.,1995).




En un impresionante trabajo publicado en forma de libro llamado The Witch-Hunt Narrative (La narrativa de la caza de brujas), el Doctor en Derecho Ross E. Cheit nos demuestra que muchos de los casos de abusos de aquellos años, en medio de la narrativa llamada “Caza de brujas”, presentaron evidencian convincentes de que los abusos habían ocurrido, incluidos los casos de abuso ritual.

Cheit realizó una exhaustiva investigación de lo ocurrido en aquellos años, usando las transcripciones de juicios y documentos judiciales relacionados con tres casos de la época, al mismo tiempo que investigaba muchos más casos. Muchos de estos juicios declararon inocente al pederasta o pederastas, a pesar de las evidencias presentadas.

Nos habla de cómo la “sabiduría convencional” sobre la temática está significativamente tergiversada en la población. También de cómo se minimiza y se niega el abuso, y de las sorprendentes respuestas indulgentes para con muchos pederastas, por parte de la población.

Cheit vio lo que vemos muchos: que, a pesar de los avances en las respuestas sociales al abuso sexual, seguimos atacando la credibilidad de los menores y a los profesionales que trabajan con el abuso, porque no nos atrevemos a enfrentarnos al problema y arrancarlo de raíz. Su libro nos muestra cómo una narrativa basada en evidencia empíricamente débil se terminó convirtiendo en una teoría con fuerza social real que llega hasta nuestros días.

Hoy día sería difícil encontrar a alguien que no estuviera de parte de las víctimas. Y digamos que es fácil mostrar tu apoyo a través de las redes sociales a una persona que afirma abiertamente que ha sido víctima de abuso sexual, sobre todo si esta persona es una celebrity y no la conoces de nada. Otra cosa es tener que hacerte cargo de los abusos que están ocurriendo en tu propio hogar, o en el hogar de un familiar cercano. En estos casos las personas reaccionan, a modo particular, de la misma forma que una nación entera reaccionó en conjunto en los años 90. Esto es, mirando para otro lado.

La reacción más común cuando hablamos de abuso sexual en la infancia es la negación. Y eso les ocurre primero a las propias víctimas. Es mucho más fácil negar la realidad y desacreditar a las víctimas, que reconocer que los abusos sexuales son una realidad y que ocurren a nuestro alrededor. Las personas no se quieren hacer cargo de la fealdad del ser humano. Por eso, la llegada de la narrativa de la falsa memoria fue fácilmente asimilada por la población en su conjunto. Era (y es aún hoy) mucho más fácil llamar locas a las víctimas, afirmar que estaban siendo víctimas del pánico social desatado, y creerse que los falsos recuerdos existen, antes que reconocer que en la sociedad puede haber individuos que violan a nuestros hijos, o incluso que realizan rituales con ellos. La prensa ayudó, sí, la pseudociencia también, pero la mayor parte del mérito de lo que ocurrió se lo debemos a la cobardía humana y a la facilidad con la cual las personas se lavan las manos y miran para otro lado.

Porque al final, la negación no es más que la expresión de la cobardía humana. Y ahí subyace el problema.



Conclusión


Todo eso va sin contar con que una cosa es mostrar tu apoyo a una víctima de abusos sexuales y otra cosa es no creer que la falsa memoria exista. Sin darse cuenta de que están alimentando el ideario pederasta, algunas personas afirman, ingenuamente, que la falsa memoria existe.

Afirman que se pueden tener recuerdos falsos, pero curiosamente, cuando les preguntas si es su caso, te responden que no. En otros casos, las personas confunden fantasía con recuerdo. Y aunque parezca que la diferencia entre estos dos está clara para todo el mundo, en un cerebro disociado por el trauma puede no estar tan claro.

Otras veces, sobre todo en el contexto clínico, las personas pueden llegar a cuestionarse si esas experiencias desagradables que han recordado espontáneamente pueden ser recuerdos falsos. En estos casos lo que subyace es el miedo a tener que enfrentarse a la experiencia recordada. Volvemos a lo explicado anteriormente: La mayoría de las víctimas no reaccionan denunciando rápidamente, sino que reaccionan con la negación de los hechos. Cuando hablamos de negación, hay que dejar claro que las propias víctimas son las que más y mejor la practican. En estos casos, la falsa memoria sería la excusa perfecta a la que aferrarse para no tener que creerse que te ha ocurrido algo tan terrible. De esta forma incluso las víctimas alimentan una creencia que solo les hace daño a ellas.

Es curioso que haya muchos supervivientes de abusos en su edad adulta que no han oído nunca hablar de las técnicas terapéuticas neuroreprocesadoras que podrían ayudarles a reprocesar sus traumas. Sin embargo, todos ellos han oído hablar de la falsa memoria. La manipulación de la población es un hecho. Es curioso, teniendo en cuenta que la farsa comenzó justo cuando la primera de aquellas técnicas reprocesadoras, EMDR, comenzaba a hacerse más conocida.

Otro detalle que lleva muy a menudo a confusión es la falta de definición de la falsa memoria en sí. Haber dejado la definición a medias, o haberlo hecho de forma difusa pudo haber sido un simple error consecuencia de una forma chapucera de hacer las cosas. Pero, sea como fuere, la falta de definición ha acabado jugando a favor de los pederastas también. Puesto que lo que se quería lograr era desprestigiar a los psicólogos y a las técnicas terapéuticas utilizadas por ellos, para que no se pudieran usar en el contexto de las denuncias por abusos, el discurso inicial de la falsa memoria iba en la línea de afirmar que los recuerdos falsos nacían en el contexto de la terapia y que eran los terapeutas los que introducían esos recuerdos en las mentes de sus pacientes. Pero la mayoría de las personas no saben esto. Es la ventaja de los bulos: no necesitas darles una definición concreta, los puedes lanzar a la población indefinidos, que ya tomarán la forma adecuada en la cabeza de cada uno. De esta forma, hay muchas personas que creen que tener un recuerdo falso sería algo que le puede ocurrir a cualquiera en cualquier momento y en cualquier contexto, sin que esto tenga nada que ver con una consulta terapéutica.

Y ya que hablamos de llevar a juicio unos abusos, deseo dejar claro que, aunque parezca difícil o imposible, denunciar y probar unos abusos no es tan difícil, y que se puede hacer justicia en muchos casos. De hecho, esto es tan así que es lo que explica que los pederastas hagan tantos esfuerzos para desacreditar a las víctimas. El efecto indirecto de todo este circo es que desalienta a las víctimas a denunciar. Eso fue exactamente lo que ocurrió en Estados unidos en los años 90 y cuya influencia vivimos aún. Muchas víctimas en aquel entonces se retractaron y decidieron no denunciar. Pero entendamos que, si ponen tanta energía y recursos en acallar a las víctimas, es porque en realidad existen evidencias contundentes, en la mayoría de los casos, como para llevar a un pederasta a la cárcel. Incluso 30 años después.

Las consecuencias de la creación del mito de la falsa memoria las estamos pagando aún hoy. No sólo los individuos lo creen. Yo he oído a psicólogos supuestamente expertos en abuso sexual en la infancia afirmar que se pueden implantar recuerdos falsos en la mente de las personas. Lógicamente, lo afirman, pero no saben cómo se hace ni lo han hecho nunca. Lo vemos también representado en el cine y en la televisión con mucha frecuencia, a modo de disparador que te recuerda subliminalmente lo que te puede llegar a pasar si te atreves a denunciar unos abusos.

Incluso hoy en día, el debate sobre los recuerdos disociados y tiende a carecer de un diálogo científico objetivo. Uno siempre encuentra a personas que afirman saber de lo que hablan y que no debaten, sino que sentencian con una rigidez teórica que no aplica, y que se involucran en ataques personales, al más puro estilo de los creadores del guion de la falsa memoria. Imitan exactamente lo que aquellos hacían en los años 90, sin ningún interés en debatir de verdad o en escuchar a la otra parte, esto es, a los profesionales de verdad y a las víctimas.

Muchas cosas relacionadas con la falsa memoria se estudian en la universidad. Aunque el propio síndrome no aparece, por lo menos en España, sobrevuela muchas de las explicaciones de varios fenómenos relacionados. Dos generaciones de psicólogos, entre los que me cuento, han estudiado información incompleta y sesgada sobre la memoria recuperada, los recuerdos falsos e incluso la memoria del trauma en sí.



El número de artículos o libros que escribamos sobre un tema concreto no es garantía de su veracidad: si el material está basado en una falacia, el resultado será falacioso. El interés de Loftus en escribir tanto no se basaba en crear un cuerpo de investigación sobre la temática, sino en instruir a la población sobre su síndrome. Sus libros y artículos no han servido para probar que la falsa memoria exista, pero sí han servido para promocionar la creencia del síndrome entre la población, como un medio astuto de adoctrinamiento.

No les importa, pues, que el Síndrome de la Falsa Memoria no aparezca en las clasificaciones de trastornos mentales, ni en el DSM ni en el CIE. Como tampoco importa que no aparezca en los libros de texto en la universidad, por lo menos en España, puesto que carece de todo sustento científico. No era ese el objetivo. El objetivo era el de crear una base sólida de defensa al pederasta que perdurara a través de las décadas. Y vaya si lo han conseguido. Aunque la comunidad científica no lo admita, el público se lo ha tragado, y eso es lo que importa.

Es fácil acallar a una víctima que ya tiene suficientes dudas por si sola. No tiene mucho mérito acobardar y desacreditar a alguien que ya se desacredita solo. La falsa memoria llegó para quedarse y hoy es una jovencita mayor de edad que se las arregla solita, aunque no haya nadie ni nada que la sustente desde hace tiempo. La bola de nieve que se hace gigantesca y rueda sola y lo destruye todo a su paso.

Y así seguirá hasta que las víctimas digan basta y decidan acabar con esta farsa de una vez.




Puedes descargarte referencias adicionales aquí:

Referencias Falsa Memoria
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Puedes escuchar el podcast correspondiente a esta entrada aquí.


Esta entrada va dedicada a mi amiga Carmen, por su desinteresada ayuda en la preparación de este trabajo: recopilación, organización y traducción de la información. 😊👍


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