Feminidades - ¿Somos maduras?

Actualizado: mar 17

Nunca antes en la historia de la humanidad nos habíamos encontrado en la tesitura de tener que exigirle a un adulto que se comporte como tal...




Las mujeres de este siglo son inmaduras y eso es grave. Este tema puede parecer algo secundario teniendo en cuenta los problemas que hay en el mundo, pero en realidad es algo muy importante, sobre todo por las consecuencias que conlleva para los menores tener que criarse con adultos-niños.


No hay crianza de niños sin mujeres; este es un trabajo femenino. Las mujeres somos las madres y las transmisoras de los valores. Incluso las que no tienen hijos. Por lo tanto, deben ser lo suficientemente maduras como para criar a los hijos de forma lo más racional posible. No de manera perfecta, pero si de una manera madura.


Las razones de para que la población actual sea inmadura son muy variadas. Van desde el trauma infantil, qué hace que la parte lógica del cerebro (corteza frontal) no madure como debería y produzca un cerebro infantil incluso cuando la persona ya es adulta; hasta la insistencia de las culturas occidentales en hacer que generaciones enteras acaben como robots idiotizados e infantiles, incapaces de tomar decisiones y fácilmente manipulables.


Muchas veces, la mujer que sufre trauma sigue así el resto de su vida. En parte porque no hay una asistencia psicológica de calidad que pueda ayudarles a reprocesar su trauma, y en parte porque no se atreven a enfrentarse a lo que duele.

Aquí muchos pueden pensar que esto no tiene sentido, porque quizás piensen que no hay tantas personas traumatizadas como personas infantilizadas. El problema es que el trauma se entiende mal. No hace falta que ocurra algo muy grave para quedar traumatizado. Algo tan sencillo como el divorcio los padres puede traumatizar a un menor. Un accidente de tránsito que no sea mortal puede ser traumático también.


El trauma es una cuestión de grados. No es lo mismo el trauma de un accidente como el que se acaba de mencionar, que el trauma de unos abusos sexuales continuados. Luego hay que tener en cuenta también los recursos cognitivos y emocionales que tenga cada persona para lidiar con ese trauma. Pero lo que sí es cierto es que el trauma forma parte de la vida humana, es mucho más común de lo que pensamos y está en la base de muchos comportamientos patológicos de las personas.


Los niños necesitan reflejarse en el córtex frontal de los padres para poder desarrollar el suyo propio. Esta es una parte del cerebro que se desarrolla con el contacto social y si el córtex frontal de la madre y/o del padre está inhibido el menor queda a la mitad en su desarrollo. Esto es una desgracia para los seres humanos que nos condena a criar hijos infantilizados, incapaces de desarrollar sus habilidades lógicas, generación tras generación. Por eso es fundamental que los adultos maduren y se comporten como adultos, sobre todo las mujeres. Solo el hecho de criar a unos hijos desde esa inmadurez ya genera una cantidad de problemas ingentes a los que tenemos que poner freno.


Sucede que a las mujeres nos han contado que este es el siglo de las mujeres. Es como si nos hubieran subido en una especie de pedestal de la perfección en donde muchas se han quedado porque les conviene. Se trata de un discurso lanzado desde hace años, según el cual las mujeres son especiales, buenas, fuertes, excelentes madres, geniales en todo…Y muchas se han querido creer ese discurso. Es uno de los factores que lleva a la infantilización y al rechazo de las responsabilidades concurrentes con la edad adulta.


La mujer acepta el sistema de cosas moderno cuando le ofrece cosas, privilegios y un rol especial. Al mismo tiempo rechaza madurar y hacerse cargo de sus responsabilidades, lo que nos lleva a situaciones de vida incoherentes e injustas, donde a la mujer no se le puede exigir que se comporte como una adulta. Es un sistema de cosas que solo alienta lo peor de la mujer; la soberbia y la falta de autocrítica.


La exigencia de derechos no tiene cabida sin un sentido de la responsabilidad para gestionar esos derechos de forma lúcida. Cuando una exige unos derechos desde el infantilismo, esa exigencia deja de ser una argumentación sólida y con sentido para pasar a ser, en muchos casos, solo una pataleta de niñas malcriadas.


Desde esa soberbia imbuida en sus cerebros muchas afirman a la vez que son las mujeres las que van a cambiar el mundo, lo cual no tiene ningún sentido, porque no se puede cambiar el mundo con una mente propia de un niño de diez años.


Muchas afirman que son las mujeres las que van a cambiar el mundo. ¿Cómo podrían cambiar el mundo unos individuos que no son capaces ni de madurar ni de generar el cambio en sí mismas?

Si de verdad queremos cambiar las cosas, primero hemos de reconocer el estado de cosas en el que nos encontramos, que está lejos de ser el ideal. Después hay que comenzar a cambiar todo aquello que sobra en uno mismo.


Millones de mujeres en el mundo tienen dificultades en aceptar que es su obligación moral y social la de madurar. Sin adultos conscientes y lúcidos este mundo no funciona. Cuando somos niños necesitamos figuras adultas y responsables a nuestro alrededor para poder desarrollarnos adecuadamente, y en las últimas décadas estamos teniendo un grave déficit de este tipo de figuras.


Así pues, es hora de decir basta a las inmadureces. No podemos exigirle al mundo entero que se adapte a unas necesidades infantiles que satisfagan a aquellas que se niegan a madurar. Es la obligación de cada mujer madurar, dejar atrás los comportamientos infantiles, mirar a los problemas a la cara y poner todos los medios para comportarnos como las adultas que tenemos que ser.



Puedes escuchar el podcast correspondiente a esta entrada aquí.



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