La pasión por ser malo

Actualizado: 13 de sep de 2020

Presumir de ser capaz de matar no te hace mejor persona, solo te rebaja al nivel del asesino.



En otra entrada sobre psicopatía hablábamos sobre la insistencia en hacernos creer que todos somos asesinos en potencia. En esa entrada yo afirmaba que eso es mentira, que para matar hay que estar hecho de una pasta especial, y que no todos somos iguales.

Y cada vez que hablo de esta temática y lo expongo de esta forma, se genera la misma reacción en un tipo concreto de personas. Algunos, que sí serían capaces de matar, se enfadan mucho y reaccionan con agresividad. En ese mismo podcast explicamos que para estos individuos es como si todos tuviéramos que ser como ellos, como si lo natural fuera que todos nos rebajáramos a su nivel, a nivel de asesinos en potencia. Encontrarse con una oposición que les haga ver que no todos somos como ellos les hace mostrar una rabia con la que te castigan, y normalmente te responden con algo como: tú también serías capaz de matar. Y es verdad que ellos lo creen, pero lo importante es que los demás no nos lo creamos.

Para no repetirme aquí voy a hablar de otro tipo de persona cuyas reacciones son similares, pero no iguales. Muchas personas han sufrido un adoctrinamiento tan grave, que en cuando te oyen decir que no todos somos iguales, o que es mentira que todos podemos matar reaccionan un poco a la defensiva, y se genera una reacción en ellos que va en la línea de intentar convencerte de que ellos sí serían capaces de matar, si estuvieran en una situación suficientemente peligrosa o estresante.

Lo peor de estas argumentaciones es que lo dicen con cierto orgullo, como si el hecho de matar otra persona, aunque sea alguien que te esté haciendo daño, sea algo de lo que uno pueda estar orgulloso. Es en estas argumentaciones, y con estas personas, cuando uno se da cuenta de hasta qué punto la población está, efectivamente, adoctrinada.

También les molesta mucho que uno afirme cosas como que no todos somos iguales. Muchos tenemos la seguridad de que no seríamos capaces de matar, y estamos cómodos con esa idea. Nos conocemos bien y tenemos el mínimo sentido de la ética como para saber dónde están los límites.

Sin embargo, estamos viviendo en una época en la que se promueven ideologías que van en la línea de nivelar y considerarnos a todos exactamente iguales. No hablo aquí de ser iguales ante la ley, o de tener los mismos derechos. Estoy hablando de ser todos iguales en la forma de pensar o actuar. Es decir, robots, marionetas que hablan igual se visten igual, se peinan igual, que comen las mismas cosas, y que piensan igual. Y cualquiera que piense un poquito diferente se constituye como el enemigo contra el cual hay que luchar de alguna manera.

Sólo el hecho de querer que todos seamos iguales ya habla de una clara manipulación y adoctrinamiento de los individuos. Todos somos iguales ante la ley, pero no todos somos iguales como personas. Es evidente que en este mundo hay personas muy por debajo del resto. También hay algunos por encima del resto, en términos de ética, nivel de asistencialidad, responsabilidad, amor al prójimo, etc. El tipo de cosas que marcan las diferencias entre unos y otros, pero de las que parece que no podemos hablar sin arriesgarnos a que se nos censure o incluso se nos agreda.


No hay nada de lo que sentirse orgulloso en la capacidad de matar. Saber que podrías matar a otra persona es algo que debería hacerte sentir responsable, y que debería empujarte a buscar ayuda, pero nunca a sentirte orgulloso.

Lo que da más miedo de todo esto es que, efectivamente, el adoctrinamiento ha llegado hasta tal punto que las personas defienden este tipo de forma de vida sin pararse siquiera a pensar lo que pueda tener de cierto. No nos damos cuenta de que, al considerarnos a todos iguales, nos miden a todos por el mismo rasero tirando a la baja. Es decir, el hecho de querer convencernos de que todos somos capaces de matar es rebajarnos a todos al nivel del asesino, de psicópata, de aquellos que son lo peor de las sociedades, lo más bajo del ser humano, y que algunos ya intuimos que, lejos de estar más evolucionados, en realidad están mucho menos evolucionados que la media. De ahí que la insistencia en transformarnos a todos en eso sea tan perturbadora para algunos de nosotros.

El desconocimiento sobre el funcionamiento de la vida misma, pero también sobre uno mismo, y sobre tus limitaciones lleva muchas veces a las personas a afirmar cosas que no tienen sentido, o a sentirse orgullosos de cosas de las que uno no debería sentirse orgulloso.

Cuando una persona afirma que él sí sería capaz de matar por defender a uno de los suyos, o si estuviera en una situación de vida o muerte, lo hace con orgullo, creyéndose mejor por ello, sin darse cuenta de que se está rebajando al nivel de un asesino, al nivel de alguien sin valores morales, sin sentido de la responsabilidad ni de la ética, embrutecido y deshumanizado hasta el punto de considerar que tiene derecho a quitarle la vida a otra persona.

Éstas ingenuas personas que afirman con tanta alegría que serían capaces de matar, no se han puesto nunca en la disyuntiva real de matar a alguien. Jamás se han parado a reflexionar sobre lo que significa de verdad quitarle la vida a otra persona. Y es una reflexión muy necesaria en nuestros días, en donde sufrimos este tipo de arremetidas degradantes y embrutecedoras que fomentan cosas en los seres humanos que no nos llevan a ninguna parte.

En ese sentido, habría que preguntarse por qué hay tanta insistencia en hacernos partícipes de esta idea, y en convencernos de que todos seríamos capaces de matar. ¿Qué necesidad lleva a algunos a tratarnos de esta forma y a considerarnos de esta manera?

Es curioso que muy a menudo cuando las personas te están contando como y con qué facilidad podrían matar a alguien si les hiciera daño a los suyos, rápidamente te cuentan una anécdota en la que estuvieron en una situación en la que ocurrió aquello que ellos afirman que sería el disparador de su instinto asesino. Te explican su situación y lo mal que lo pasaron allí. Te explican cómo les salía de dentro una rabia inmensa que ellos consideran que era ganas de matar y a continuación normalmente afirman o algo como “lo hubiera matado”. Sin darse cuenta de que ya estuvo en esa situación y no mató.

Realmente, la persona capaz de matar, mata. Porque en la vida hay situaciones extremas en las que tienen oportunidades de sobra para expresar sus bajos instintos asesinos. Y si la vida no les pone en estas situaciones, se pondrán ellos solitos. Para alguien que sí es capaz de matar, el disparador que les saca el instinto asesino está muy por debajo del umbral de cualquier otro de nosotros. Es decir, son de gatillo rápido.

Ya lo dijimos en el otro podcast, son personas agresivas, que menudo portan armas, y que parecen estar esperando la oportunidad de que ocurra algo grave para mostrarnos a todos que, efectivamente, son capaces de matar. Nada que ver con el ciudadano medio, nada que ver con todas esas personas que presumen de ser capaces de matar pero que jamás lo han hecho y jamás lo harán.

Presumir de ser capaz de matar no es algo bueno, es una muestra de haber sido adoctrinado, o bien de ser un ignorante o de estar gravemente traumatizado. El trauma puede llevar a las personas al desequilibrio emocional, a través del cual podemos terminar diciendo muchas tonterías.

Así pues, reflexiona un poco sobre lo que supone afirmar que serías capaz de matar a otro ser humano. Pondera si de verdad te apetece rebajarte a ti mismo a nivel de aquellos que si son capaces de matar y que, de hecho, matan.

Puedes encontrar el podcast vinculado a esta entrada aquí.

Encuentra aquí la entrada vinculada.

La Psicología Responde