La promiscuidad sexual de las jóvenes

Actualizado: 6 de dic de 2020

Con respecto a la expresión de la sexualidad, las cosas han llegado a un extremo en el que parece que las jóvenes ya no tengan control de ningún tipo.


En la falacia lógica del falso dilema existen solo dos puntos de vista opuestos como únicas soluciones a un problema. Estos dos puntos de vista únicos suelen ser los dos extremos de un continuo. En la vida nos encontramos con muchas situaciones en las que nos enfrentamos a falacias de falso dilema. En lo que respecta a la promiscuidad sexual de las mujeres modernas, por ejemplo, nos encontramos con el falso dilema que enfrenta a la mujer con un alto sentido de la moral, contra la mujer sexualmente promiscua.

La percepción de la sociedad de que no puede haber términos medios entre los opuestos que ellos nos ofrecen, es falsa. Entre estas dos opciones, y de cualquier otra pareja de opciones que nos den en la vida, hay más opciones.

En lo que concierne a la expresión de la sexualidad femenina, en España las mujeres han pasado de no poder acostarse con sus novios, como les ocurría a las mujeres de la generación de mi madre, a tener que acostarse con todo el mundo. Estos son los dos extremos de este falso dilema con respecto a la sexualidad femenina que se nos presenta hoy día. Increíble pero cierto, lo que está mal visto hoy día es tener un sentido del respeto por una misma; tener una sola pareja sexual; negarse a tener relaciones sexuales con cualquiera que te lo proponga; o incluso llegar virgen al matrimonio.

Si te has creído que solamente existen estos dos extremos, lamento decirte que te han engañado. Las mujeres no estamos obligadas a estar en un extremo o en el otro de forma radical, total y absoluta.

Hoy día se vincula la promiscuidad sexual con la libertad. Es como si la liberación sexual femenina hubiera servido exclusivamente para que las mujeres se prostituyan más y con más libertad. Y es que, la palabra libertad, en lo concerniente a las mujeres, sólo parece tener significado cuando se encuadra en el terreno sexual. En el resto de las áreas de la vida no se menciona la libertad. Han convencido a las jóvenes de hoy de que esto es ser libre, que esa es la única manera de expresar derechos y libertades, mientras en otras áreas se coartan sus libertades y sus derechos sin que ellas parezcan tener nada que decir al respecto.


El cerebro humano en general es muy influenciable. Los seres humanos estamos expuestos a ser influidos de forma constante y repetitiva a lo largo de toda nuestra vida. Parte de eso se debe a los estados disociativos en los que entramos fácilmente debido al tipo de vida que llevamos. Muchos se negarán a esta realidad, pero negar que uno está siendo influido es exponerse más a las influencias externas. Curiosamente, las personas que niegan que están siendo influidos por otros son los que mayores influencias reciben. Ser consciente de que podemos ser influidos es una protección contra las influencias.

Las jóvenes hoy crecen en este ambiente donde sólo parecen tener ejemplos de mujeres promiscuas. Y parece haber un mensaje intrínseco en esta forma de espolear a las jóvenes hacia la sexualidad caótica. Este mensaje va en la línea de que la promiscuidad sexual es lo que se espera de ellas. Desgraciadamente, es el mensaje que les llega a las jóvenes a diario a través de todas esas líderes del mundo artístico. Y es que, uno de los grandes problemas actuales es que aquellas líderes y figuras representativas a las que están expuestas las jóvenes hoy, son individuos sin valores, sin dignidad y sin personalidad.

La promiscuidad sexual se ve mucho, aunque no exclusivamente, en supervivientes de abuso sexual en la infancia o de agresión sexual o de violación. Estas chicas se comportan así porque han sido programadas en su infancia o en su edad adolescente para ser sexuales: las víctimas, más que ninguna, obedecen la creencia inconsciente de que así es como tiene que comportarse, que es uso que se espera de ellas, y que ese es el único camino que les queda.

En ese sentido, es importante apelar al sentido común, y hacer un llamamiento a todas aquellas mujeres que todavía tengan un rastro de sentido común, para unirnos y lanzarles a las jóvenes un mensaje que les deje muy claro que ese comportamiento promiscuo no es lo que estamos esperando de ellas. Que, de entre todas las cosas que desearíamos para ellas en su vida, comportarse de forma promiscua y venderse como un trozo de carne al mejor postor, no está ni entre las diez ni entre las mil primeras.

- No, chicas. Eso no es lo que estamos esperando de vosotras.

Uno de los argumentos más recurrentes cuando una adulta le indica a una joven que no tiene que comportarse así, es el argumento de los derechos. Porque, junto a la creencia de que eso es lo que se espera de ellas, y junto a la creencia de que ser libre es ser hipersexual , viene también la creencia de que estos comportamientos deben ser entendidos como derechos -y no tanto como opciones de elección, que es lo que son- y los derechos hoy día parecen tener que llevarse a la práctica a toda costa, casi como una obligación, porque para eso están ahí, para ser expresados sin tapujos, sin límites, y sin pensar…

Argumentar que tienes derecho a ir semidesnuda por la calle, y que por lo tanto eres libre de hacerlo -y de hecho lo haces- no tiene ningún sentido. Si hablamos de derechos, ir contracorriente también sería tu derecho; buscar una pareja estable y tener relaciones sexuales con un solo hombre también sería tu derecho; vestirte de forma digna también sería tu derecho. Y, sin embargo, estos derechos no los consideran estas jóvenes.


Porque otro de los problemas con los que nos encontramos es que estas jóvenes se alientan unas a otras a ser sexualmente promiscuas. Parece que aquellas que no quieren acostarse con todos no puedan disfrutar de sus derechos. Sólo las que van en la línea de la programación mental de la promiscuidad sexual parecen tener derechos respetables. Aquellas que tienen claro que su dignidad vale más que la expresión de su derecho a ser promiscua (o liberada), ven amenazados sus derechos demasiado a menudo por aquellas que las instan y las presionan para que se acuesten con chicos. ¿Acaso estas jóvenes que se hacen respetar por los hombres no tienen derechos?

Está muy lejos de mi intención generar un conflicto entre unas y otras. Más bien la intención de esta entrada, y de todo mi contenido, es el de intentar unir a las personas, y no la de separarlas. En ese sentido, es importante que las mujeres jóvenes comprendan que han sido manipuladas para comportarse de una forma que no les es propia. La promiscuidad femenina no favorece a las mujeres, sólo favorece a un tipo de hombre que es justamente aquel con el que no vale la pena siquiera tener una relación de pareja; el tipo de hombre que jamás te va a respetar por lo que tú eres, sino que te va a utilizar aprovechando que tú consideras la promiscuidad sexual un derecho. El resto de los hombres, los que si valen la pena, preferirán relacionarse con mujeres que se respetan a sí mismas.

Para poder argumentar en base a unos derechos uno tiene que tener el mínimo sentido de la responsabilidad que se necesita para ejercer esos derechos. No parece que una muchacha que se presente ante los demás como un trozo de carne, y que se comporte de forma sexualmente promiscua sea una mujer que comprenda lo que significa la responsabilidad. Los seres humanos tenemos derechos, cierto, pero también tenemos responsabilidades, y nuestro bienestar es nuestra responsabilidad.

Y más allá de los derechos, esto es una cuestión de dignidad. Porque la dicotomía falsa en la que vivimos, ese falacioso dilema, no existe. Por lo tanto, no se trata de ser una virgen o de ser una prostituta. En algún punto de ese continuo está la dignidad, y es tu derecho, y tu responsabilidad llegar a encontrarla.

"Céntrate, siéntate a solas contigo misma y decide que es lo que quieres para ti en tu vida. Intenta ser tú la que ponga el punto final a este comportamiento absurdo y dales ejemplo a tus amigas. Te va a sorprender la cantidad de amigas tuyas que te siguen y que deciden que sí, que efectivamente, se acabó eso de acostarse con todos…"

Puedes escuchar el podcast correspondiente a esta entrada aquí.

La Psicología Responde