Las mujeres y la alimentación

Actualizado: feb 28

La desnutrición en las mujeres causa daños al cerebro que explican muchos de sus comportamientos.


Comer nunca ha sido un problema para las mujeres hasta las generaciones de los años sesenta y setenta. Con la llegada de la minifalda llegó también el hábito de comer menos y por lo tanto la idea de estar delgadas.

La obsesión por el físico coincide con el auge de la liberación femenina y el feminismo. Irónicamente, junto con los derechos de las mujeres llegaron unos cánones de belleza artificiales que fuerzan a las mujeres a tener una apariencia física que no se ajusta a su realidad.


En general las mujeres tenemos una tendencia natural a generar almacenes de grasa en diferentes partes del cuerpo. Esto es así por razones naturales que tienen que ver con la supervivencia de la especie, porque como mamíferos las mujeres son las que alumbran, crían y cuidan a sus criaturas.

Antiguamente se adoraban las redondeces femeninas en figuritas representativas de la feminidad como la Venus de Willendorf o las Venus Paleolíticas. Estas eran totalmente redondas, porque los antiguos sabían que eso era lo que llevaba a la perpetuidad de la especie. El hecho de que la mujer pudiera parir crías y esas redondeces eran bienvenidas porque eso era y sigue siendo considerado un signo de salud.


Una mujer sana tiene sus almacenes de grasa bien distribuidos en su sitio. Y no hablamos de la obesidad, porque eso es un problema de salud, las mujeres tienen curvas y están ahí porque en una mujer normal es lo natural. Pero en algún momento eso se perdió y comenzó una publicidad que va en contra de la auténtica naturaleza de las mujeres. Comenzamos a adoptar modos de comer que son contraproducentes.

Y en realidad, el gran problema con la forma de comer de las mujeres no sería algo que tenga que ver con sus cuerpos, sino con sus cerebros. Aquellas cosas de las que las mujeres se privan voluntariamente para no engordar son justamente aquellas cosas que el cerebro necesita para funcionar correctamente.



Es como si alguien hubiera decidido eliminar el intelecto femenino y anular cognitivamente a la mitad de la población humana y hubieran elegido para ello la vía más rápida, pero también la más discreta: la nutrición del cerebro.


No deja de sorprender observar cómo la mitad de la población femenina del mundo se está muriendo de hambre, literalmente, porque no tienen nada que llevarse a la boca, mientras que la otra mitad de la población femenina se esté muriendo de hambre de forma voluntaria porque han decidido no comer.

Esa situación no tiene ningún sentido y al margen de las cuestiones de autoestima, el hecho de no comer correctamente trae unas consecuencias dramáticas para los cerebros de las mujeres, que ya tienen bastantes problemas. Una gran parte de la población femenina ha sufrido trauma o han tenido problemas de apego o incluso ambos y eso también se refleja en el funcionamiento del cerebro.

Para funcionar bien, el cerebro necesita tres componentes básicos, que son la proteína, las grasas, y la glucosa. Justamente estos son los tres componentes que más suelen faltar en las dietas femeninas.


Las mujeres se privan de comer grasa porque les han contado la gran mentira de que la grasa engorda. Sin embargo, la verdad es que la grasa es uno de los componentes principales de las neuronas. El axón de la neurona tiene a su alrededor lo que llamamos las vainas de mielina, que está compuesta de grasa. Si falta esa grasa la neurona no puede hacer su trabajo correctamente, pues esta mielina tiene la función de conectar unas neuronas con otras y hacer que la información pase con mayor rapidez; la agilidad mental se debe a las vainas de mielina.


Las grasas también ayudan al correcto funcionamiento del sistema neuroendocrino, que ya se ocupa de la secreción y funcionamiento de las hormonas. Una carencia de grasas puede hacer que este sistema no funcione correctamente, lo cual puede afectar a muchas áreas de la vida de una mujer, desde la sexualidad hasta el temperamento.


El otro gran enemigo es el azúcar. Y es un hecho que el azúcar blanco es un veneno. Ya existe suficientes evidencia que muestra que el azúcar industrial es bastante malo para la salud. Por otro lado, también es cierto que tendemos a consumir más glucosa de la que deberíamos. Un consumo inapropiado de glucosa puede hacer que nos cambie el humor y que estemos más irritables o nerviosos.

Al contrario que con las células de otros órganos del cuerpo, la glucosa es la única fuente de energía que utilizan las neuronas. Además, estas necesitan más energía que ninguna otra célula del cuerpo. El encéfalo, es decir, la masa cerebral que se encuentra bajo el cráneo ocupa solo el dos por ciento de la masa total del cuerpo, pero consume aproximadamente la quinta parte de las calorías de una dieta normal. Esta alta demanda de energía del cerebro lo predispone a una variedad de enfermedades si se interrumpen los suministros de energía, notablemente el deterioro cognitivo.


El tercer nutriente, el otro gran pilar que sustenta el funcionamiento del cerebro es la proteína. Y hemos visto una bajada considerable en el consumo de proteínas con la llegada de las dietas vegetarianas.

La conjunción correcta de estos tres elementos nutricionales, grasa, azúcares y proteína, hace que nuestro cerebro funcione a la perfección. Irónicamente, la grasa y la proteína son los dos elementos de los que más carece la alimentación femenina. Por su parte, el azúcar aparece en exceso. Esta forma de comer, además de engordar y causar enfermedades físicas, mata al cerebro.

Por si esto fuera poco, no bebemos suficiente agua y estamos deshidratados. El noventa por ciento del volumen de nuestro cerebro está compuesto por agua, y eso es así porque necesitamos agua para que las transmisiones electroquímicas se lleven a cabo. De nuevo, si quieres que tu cerebro funcione, tienes que hidratarlo. Y no vale cualquier líquido, tiene que ser agua. Muchas mujeres pasan el día bebiendo tonterías enlatadas, pero no beben agua.



Todo esto significa que hay millones de mujeres que padecen una desnutrición severa, y hablo de los países desarrollados. Unido a los problemas psicológicos de las mujeres, mucho más presentes y abundantes que los de los hombres, tenemos el cóctel perfecto para la idiotez. Evidentemente, si tus neuronas no están funcionando correctamente, ¿cómo vas a poder pensar? La desnutrición provoca la pérdida de la capacidad de usar la lógica. Eso va sin contar con que la parte emocional está desequilibrada, porque la malnutrición lleva también a un desequilibrio emocional. No es de extrañar que muchas mujeres vayan por la vida “en automático”. Mujeres que van y vienen sin saber muy bien qué hacer con su vida; que lamentablemente tienen hijos con los que tampoco saben qué hacer; que no saben tomar decisiones por sí mismas; que no se han parado a reflexionar nunca, y que se limitan a obedecer órdenes y a repetir lo que hacen los demás.

Como vemos, comer mal destruye el cerebro y causa enfermedades y muchos problemas. A muchas mujeres les cuesta comprender que tienen que comer para nutrir el cerebro y no tanto para perder peso. Porque al final, tener cerebro no les importa; tener más o menos inteligencia no les importa; tener habilidades cognitivas y un cerebro lógico no les importa. Parece que los intereses de millones de mujeres en el mundo va más en la línea de estar guapas y ajustarse al ideal de belleza ridículo que nos imponemos unas a otras, sin darnos cuenta de que nos estamos destruyendo.

Así pues, más allá de pensar en qué tipo de dieta necesitas para estar delgada, comienza a considerar la posibilidad de buscar una dieta que te ayude a recuperar capacidades cognitivas.

Puedes escuchar el podcast correspondiente a esta entrada aquí.


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