Marietán vs Piñuel ¿Complementarias o víctimas?

La disputa Marietán-Piñuel no beneficia a nadie y solo aporta más confusión a la maltrecha disciplina de la victimología.



Hoy vamos a hablar de las diferencias entre Hugo Marietán e Iñaki Piñuel. Decidí crear esta entrada tras una pregunta vuestra sobre las muchas diferencias entre estos dos profesionales con respecto a su forma de considerar a las víctimas de psicópatas. Vamos a comenzar explicando por qué Marietán y Piñuel no pueden ponerse de acuerdo y luego explicaré ambas teorías y mi punto de vista sobre cada una de ellas.


Estos dos profesionales están especializados en tratar a personas víctimas de psicópatas, y cada uno de ellos ha desarrollado su propia teoría sobre la victimización que generan estos. Han estudiado el perfil de psicópata y dan charlas y escriben libros sobre esta temática.


En ese sentido me gustaría señalar que los individuos a los que se considera psicópatas hoy muchas veces no son tales. Ya he hablado en otras entradas sobre la gran confusión que reina en el mundo científico con respecto a la personalidad psicopática. El término está de moda desde hace años y hoy día cualquiera que se muestre un poco autoritario o que sepa imponer su voluntad sobre los demás es tachado rápidamente de psicópata sin serlo necesariamente. A veces se confunde el Trastorno Antisocial de la Personalidad con la psicopatía y es un problema grave que presentan la mayoría de los psicólogos y criminólogos. Por otra parte, aunque la psicopatía está muy vinculada al poder, no todos los hombres que ostentan posiciones de poder son psicópatas.


Marietán y Piñuel hablan ambos de un tipo de pareja concreta que conforman la víctima y el victimario aquí, y que en la mayoría de los casos son relaciones de violencia, física verbal o psicológica. Hablaremos en otro podcast sobre los diferentes modelos que conforman las parejas de violencia y veremos cómo muchas veces estas parejas se salen de la imagen fija y estanca que tenemos de la relación de violencia, en concreto lo que hoy se llama violencia de género. No hay un solo tipo de maltratador porque no hay un solo tipo de víctima, y en ese sentido hay que aclarar muchos conceptos antes de poder juzgar a uno y a otra.

De momento dejar claro aquí que muchos de los hombres de los que las víctimas a menudo hablan cómo siendo psicópatas, en realidad no lo son.


Por qué Marietán y Piñuel no pueden llegar a un acuerdo


La discordia entre estos dos autores se basa en una cosa tan simple que parece mentira que ninguno de los dos se haya dado cuenta. Y no se pueden dar cuenta porque sus propias creencias erróneas sobre la victimización se lo impiden: Cada uno de los dos habla de un tipo de víctima diferente. Y no son los únicos, este es un error en el que caen muchos supuestos expertos.


No existe un solo tipo de víctima y es algo de lo que yo hablo de forma recurrente. Hay diferentes tipos de víctimas o, dicho de otro modo, hay diferentes tipos de personas con diferentes personalidades, que han sufrido procesos de victimización, y eso hace que no todas las víctimas sean iguales. No reaccionan ante los mismos hechos dos personas diferentes.


En ese sentido, no es lo mismo una mujer traumatizada desde la infancia, que vincula el amor con la violencia y que se mete en relaciones con hombres peligrosos para ella porque está totalmente disociada, que una mujer que no ha sido nunca víctima de nada anteriormente, que ha tenido una vida relativamente fácil, que incluso tiene un puesto de alta responsabilidad en una empresa y que elige salir con un malote porque su vida le aburre. Son dos tipos de mujeres que no tienen nada que ver una con la otra y nos resumen a grandes rasgos los perfiles de víctimas de los que hablan Piñuel y Marietán respectivamente.


Yo he comprobado que cada psicólogo o terapeuta atrae a un tipo concreto de persona a consulta, que tiene que ver más con la personalidad del propio profesional. Cada uno de nosotros atraemos y tenemos afinidad con unos pocos tipos de personas concretas. No es casualidad que Piñuel atraiga a mujeres muy victimizadas y con trastorno de apego grave, muy dependientes y vulnerables. Es lo que él alienta en las mujeres. Él mismo las llama con sus libros y conferencias. Tampoco es casualidad que las mujeres de clase alta, maltratadoras, duras y autoritarias que van a consulta con Marietán lo elijan a él como su psiquiatra: Tiene la mano dura que estas mujeres necesitan, dice las cosas claras y en la cara. Una víctima tipo Piñuel nunca iría a consulta con alguien como Marietán. De la misma forma, a una víctima tipo Marietán le daría la risa encontrarse con alguien como Piñuel. En ese sentido, no parece que ninguno de los dos haya salido mucho de lo que cada uno ve en consulta, por lo que no parece que tengan experiencia con otro tipo de víctimas.


No es difícil ver que hablamos de dos tipos de personas muy bien delimitados y diferentes, que conforman dos tipos de víctimas muy diferentes también. Porque el perfil de víctima existe. Es muy fácil determinar las posibilidades que tiene una chica de acabar en una relación con un maltratador o con un pederasta solo hablando con ella y viendo el tipo de vida que ha llevado hasta entonces; si ha sido victimizada en la infancia; el tipo de victimización que ha sufrido; si ha hecho algún tipo de terapia y qué terapias ha hecho, el tipo de relaciones que haya tenido hasta el momento, y los rasgos más salientes de su personalidad.


Esto lo he explicado varias veces en diferentes entradas en las que hablo de victimización y de abusos sexuales, y lo explico en detalle en mi libro En Femenino Plural: Las mujeres que han sufrido abusos en la infancia tienen muchas más probabilidades que las demás de terminar en una relación con un maltratador o con un pederasta. No solo las que han sufrido abusos, también maltrato o negligencias. Al revés también es verdad, la mayoría de las mujeres que hoy sufren lo que se llama violencia de género son mujeres que vienen victimizadas de la infancia.


A pesar de que estos dos autores se consideran expertos en su área, ninguno de los dos conoce o parece conocer esta realidad sobre la revictimización. Que, a mí, personalmente tampoco me sorprende porque la mayoría de los psicólogos, terapeutas, seudoterapeutas o psiquiatras no conocen esto. Vamos a hablar de eso más adelante.


Tampoco habla ninguno de los dos de las mujeres cómplices o encubridoras. Marietán se acerca un poco a estos conceptos, pero se queda bastante lejos. Él afirma que “hay ciertos actos que realiza el psicópata que requieren de la participación de la complementaria, que la complementaria hace de cómplice de los actos negativos que hace el psicópata”. No sé hasta qué punto habrá profundizado en ello, pero solo esta descripción se aleja bastante de la realidad de muchas víctimas. No parecen saber hasta qué punto muchas mujeres están dispuestas a actuar como cómplices y encubridoras de los actos más escalofriantes que sus maridos psicópatas llevan a cabo. Ya he hablado por activa y por pasiva de la madre del clan pederasta que oculta y niega hasta el absurdo que su marido está violando a todos sus hijos; también hemos hablado de cómo estas mujeres son incluso capaces de violentar a los hijos si alguno amenaza con hablar. Y muchas de estas encubridoras fueron víctimas a su vez. Es decir, la víctima como tal existe, y tenemos que ocuparnos de ellas, pero no es oro todo lo que reluce con respecto a las víctimas.


Esta es una información que solo puedes llegar a obtener cuando entras en las profundidades de la victimización y llegas al fondo de la personalidad humana y por eso la mayoría de los profesionales, del tipo que sean, no saben estas cosas.


Por otro lado, hay un tipo de mujer con la que el psicópata delincuente establece relación y es una mujer a la que él reconoce inmediatamente como una afín a él. Estos hombres pueden estar maltratando a todo su entorno físicamente excepto a esta mujer. Y esto ocurre así porque la reconocen inmediatamente como una cómplice. De la misma forma que los psicópatas se reconocen entre ellos, también son capaces de reconocer a las mujeres que mejor les van a servir como cómplices y encubridoras de sus crímenes. Estas mujeres son similares a la complementaria de Marietán, y en los casos en que el psicópata se dedica a actividades delictivas, terminarán delinquiendo con ellos sin reparo. Si vamos al extremo, las encontramos en el papel de propiciadoras o facilitadoras, por ejemplo, las que secuestran a los menores que luego llevan a estos hombres para que abusen de ellos. Algunas veces estas mujeres no han sido víctimas de nada, pero muchas otras veces sí, y eso no hace que les conmueva lo más mínimo ver algunos menores, a menudo sus propias criaturas, ser victimizados a su vez.


Esto es solo un ejemplo de hasta qué punto existen muchos diferentes tipos de víctimas porque existen diferentes tipos de personas, algunos con un claro perfil delincuente, sin escrúpulos y capaces de barbaridades, a pesar de haber sido víctimas ellos mismos. Por eso, cuando hablamos de víctimas lo que queremos es primero establecer muy bien el perfil de la víctima de la que estamos hablando, porque de otra forma podemos confundirnos y confundir a nuestro interlocutor.


Marietán y su Complementaria


Hugo Marietán - Psiquiatra argentino

Hugo Marietán es un psiquiatra argentino. Ha desarrollado su propia teoría sobre la relación entre el psicópata y su víctima. Para Marietán la víctima no existe en este contexto. A las mujeres en esta circunstancia él las llama Complementarias. Por complementaria entendemos un ser activo que provoca cosas, frente a un ser pasivo a quien le ocurren cosas, que sería la víctima. Según Marietán, la persona víctima sufre la acción de forma inconsciente y no voluntaria. La complementaria, sin embargo, colabora activamente en su anclaje con el psicópata. El anclaje sería lo que lleva a la mujer a quedarse en la relación y puede estar en lo sexual, en lo económico, en la comodidad financiera, o por rutina y costumbre. Esto lleva a conformar un circuito psicopático persistente que se forma entre estos dos componentes. Marietán afirma que la mujer permanece en ese circuito porque quiere y que lo hace voluntariamente, puesto que, según él, “ningún sistema permanece si no cubre una necesidad”, emocional o del tipo que sea. Los anclajes de Marietán vendrían a ser las dependencias que las personas generan unas con otras.


El perfil de mujer con la que trabaja este psiquiatra no es una mujer sumisa. Son profesionales, empresarias muchas de ellas, que ejercen trabajos en organizaciones grandes. Son mujeres de fuerte carácter y, según él, habría algo en ese tipo de mujer que el psicópata necesita, como la buena imagen social. En base a eso se verían estos hombres atraídos por estas mujeres.


Por lo general estas mujeres dominan a sus parejas y utilizan su fortaleza psíquica y de prestancia para doblegar la voluntad del hombre con el que se emparejan, pero ante el psicópata no pueden. Esta sería la razón fundamental por la que estas mujeres se quedan con estos hombres. Son los únicos que se muestran capaces de dominarlas. Se aburren con los hombres normales, por eso buscan a estos.



Marietán se sale bastante de lo que estamos acostumbrados a oír con respecto a las víctimas. Estas son teorías que no se oyen demasiado a menudo puesto que estamos acostumbrados a oír hablar de la víctima como un ser indefenso y vulnerable que no tendría absolutamente ninguna responsabilidad. Marietán rompe con el mito de la maltratada como una víctima dependiente al 100% del maltratador, sin voluntad y sin medios para tomar decisiones o para dejar la relación, y pone la responsabilidad de su comportamiento sobre sus hombros, pero es que Marietán habla de un tipo de persona muy particular.


Es de suponer que la complementaria pertenecen a cierta escala social más bien alta, según la describe Marietán. Y esto tiene su importancia. Él las describe como mujeres que se han hecho a sí mismas, agresivas con los hombres más débiles que ellas, que saben mandar, que saben manipular y mentir y que tienen cierto nivel de agresividad y de fuerza física. Esta forma de comportarse tan agresiva y masculina puede ser un indicativo de que estas mujeres tengan un nivel de testosterona más alto que la media femenina y que eso sea lo que las lleve a buscar puestos de alta responsabilidad y a ser tan agresivas. También explicaría que estén dispuestas a probar cosas nuevas y a acceder a todos los deseos del psicópata, como también nos explica Marietán que hacen las complementarias, incluyendo prácticas sexuales a las que no están habituadas. Por lo que él explica veo que son mujeres muy capaces de cruzar la línea y de acabar siendo cómplices o encubridoras de los actos criminales que lleven a cabo sus parejas, como explicábamos, lo cual no significa que todas ellas vayan a ir en la misma línea.


Es fácil caer en el error de pensar que las complementarias son psicópatas. Yo creo que no lo son, aunque puedan tener rasgos psicopáticos. Y lo creo así porque un psicópata no se relacionaría de esa forma con otro psicópata. Esto lo hemos visto en muy pocas ocasiones en parejas de criminales hombre-mujer que a veces han actuado juntos, y ni siquiera en estas situaciones se puede afirmar que la mujer también fuera psicópata. Un psicópata se puede unir a otro, como expliqué en mi podcast El Psicópata Simpático, para delinquir con él y para unirse en bandas, pero normalmente, para tener relaciones de pareja no eligen a otros psicópatas porque ellos necesitan sentir que tienen el poder sobre la otra persona, y con otro psicópata no podrían hacer esto. El propio Marietán nos explica esto cuando dice que la mujer es solo un complemento en la vida de estos hombres. No las consideran sus iguales.


Otra razón por la que pienso que la complementaria no es psicópata es que cuando estas mujeres entran en la relación con estos hombres tal y como lo describe Marietán, entran como complementarias, pero salen como víctimas. Cuando llegan a consulta con él nos explica que vienen bastante mal, que llegan victimizadas y muy afectadas. En ese sentido se muestran como cualquier otra víctima y eso significa que tienen emociones y sentimientos bien regulados. Sería difícil ver a un psicópata en una disyuntiva como esa. Es decir, es difícil causarle ese daño emocional a un psicópata puesto que su sistema límbico no funciona.


Por otro lado, hay muchas cosas en la teoría de la complementaria que no encajan, que son incongruentes y que nos dicen claramente que sí estamos hablando de víctimas. De hecho, a menudo, en su descripción de la complementaria Marietán habla claramente de una víctima, aunque él no la reconozca como tal. Esto se debe a que Marietán es psiquiatra y no psicólogo, no se ha formado en trauma, no sabe nada sobre el trastorno de estrés postraumático y tampoco parece saber nada sobre la revictimización, sobre la personalidad de las víctimas y sobre el estado en el que queda el sistema nervioso cuando sufrimos un trauma.


Yo siempre digo que en el mundo terapéutico hay muchos intrusos y desde mi punto de vista los primeros intrusos que deberían salir de la foto son los psiquiatras. Un psiquiatra es un médico y debería dedicarse a ejercer como médico, no como terapeuta. Por muy buena intención que le pongan la mayoría de las ocasiones el psiquiatra causa más daño que bien en las víctimas. En ese sentido, Marietán, aun reconociendo que su teoría tiene algo de valor, demuestra con ella su ignorancia sobre la problemática de la victimización.


Por ejemplo, afirma que, si el psicópata se presentara tal y como es en la primera cita, las mujeres directamente saldrían corriendo, y que si no lo hacen es porque no son víctimas de verdad. Esto no tiene sentido cuando sabes cómo funciona el cerebro de las víctimas en particular, y de las mujeres en general. Muchas veces al hombre se le nota que es una mala persona, quizás no un psicópata, pero sí se nota que es agresivo o incluso violento o que es mala persona y eso no hace que las mujeres dejen de salir con ellos. Todos hemos conocido mujeres que se han metido en relaciones con hombres que todos sabemos que son violentos o que son malas personas. Ellas también lo sabían y aun así se metieron en esas relaciones.


Vicente Garrido, en su libro Cara a cara con el psicópata argumenta con este comportamiento al describir a una mujer que desde el principio de su relación ya sabía que su novio era un hombre violento, que ya la había amenazado de muerte, y aun teniendo muchas facilidades para dejar la relación decidió seguir con él. Garrido dice así: “No podemos ponerles las cosas tan fáciles, porque hay veces que el psicópata actúa con un descaro sobrecogedor, tanto más cuanto más fácilmente sea «encantada» la víctima. Enamorarse de alguien que tiene esos antecedentes de violencia es meterse sin más excusas en la boca del lobo.”


Es decir, claro que hay personas y situaciones en las que nos vamos a ir a meter en relaciones que sabemos que no nos convienen. A veces sí le vemos al otro que es una mala persona y aun así seguimos adelante con nuestra relación con ellos.


Esto no significa que estas personas no sean víctimas, normalmente este comportamiento lo explica el trastorno de apego, como ya he explicado en varias ocasiones. El trastorno de apego hace que la mujer no sea capaz de tomar decisiones correctas con respecto a su mundo emocional y va a elegir a los hombres que menos le convienen. También el trauma explica este comportamiento, como hemos explicado antes. La mujer que he tenido una relación traumática con su padre o con otras figuras masculinas de apego crecerá programada para vincular esa violencia con las relaciones de pareja, y por eso en su edad adulta van buscando un modelo de hombre concreto. De la misma forma estos trastornos son los que hacen que estas mujeres luego sean incapaces de dejar estas relaciones.


Es verdad Marietán habla de otro tipo de mujer que no parece llegar a las relaciones con psicópatas traumatizadas de antemano. Son más bien mujeres buscando emociones fuertes, pero sin un perfil de víctima anterior. Aun así, sería interesante comprobar cuántas de estas mujeres no-víctimas seguirían adelante metiéndose en una relación con uno de estos hombres si supieran que tienen antecedentes de violencia. Solo tenemos que ver el éxito que ha tenido la saga de pornografía barata 50 sombras de Grey . ¿Quiénes creen que compran estos libros?


Marietán también afirma que a los psicópatas les gusta tener a mujeres fuertes a su alrededor y que por eso encaja bien con la complementaria. Yo no estoy de acuerdo con esta afirmación. Aquí estamos hablando de hombres y mujeres que pertenecen a una escala social alta, como he dicho antes y son personas a las que les gusta el poder y todos los beneficios de la buena vida. En ese sentido, un psicópata de clase alta que está dirigiendo una empresa va a querer rodearse de personas de su misma clase social y que le puedan aportar algo a su imagen, que esto también lo dice Marietán. Ahora bien, en el resto de los contextos de la vida, y en las clases sociales medias y bajas el psicópata nunca va a buscar a una mujer fuerte, sino que buscará a una vulnerable, que ya venga victimizada, como venimos explicando. Por ejemplo, en abuso sexual vemos claramente que el psicópata pederasta busca a mujeres muy sumisas, muy víctimas y muy vulnerables.


Luego, Marietán pone varios ejemplos del comportamiento de la complementaria para justificar por qué estas mujeres no son víctimas, y algunos de estos ejemplos son incongruentes. Por ejemplo, afirma que un anclaje importante que hace la complementaria con el psicópata sería con respecto a los hijos y su futuro, y hay que explicar que el hecho de que el futuro de los hijos dependa del padre psicópata convierte a la madre en víctima. Otra cosa es que la mujer pueda proveer ella sola para sus hijos y aún así quiera seguir estando con el psicópata, pero desde el momento en que hay una dependencia económica, entonces ya no hablamos de complementaria, puesto que ella deja de tener la libertad de elegir. Eso no es un anclaje, es una dependencia.


Otro ejemplo que pone es que la complementaria se pasa las horas hablando del psicópata, de lo que dice, de lo que hace, etc., y que las víctimas no harían eso. Y de nuevo, es incongruente, porque esto también es una característica de víctima. Os sorprendería saber hasta qué punto una víctima de abusos se puede pasar la vida hablando de sus abusos y del pederasta que abusó de ella.


Aun siendo una teoría con cierto valor, la ignorancia sobre la problemática de la victimización hace que Marietán defienda incongruencias.

Otro detalle que hace pensar que Marietán habla de víctimas y no de complementarias es cuando explica cómo la complementaria está en tensión con el psicópata. El psicópata le provocaría alta tensión emocional que le haría a ella más vulnerable a las sugestiones del psicópata. Y sin darse cuenta Marietán está describiendo las bases del control mental mediante trauma, donde una persona genera disociación mental en otra para poder darle órdenes que vayan directamente al subconsciente y que esa persona obedezca sin pensar. Y un controlado mental de esa forma es una víctima. De hecho, el usa el término “adiestradas”, es decir, parece comprender la programación por disociación.


La cultura psicopática sería otro rasgo de víctima, y significa que la complementaria se desprende de sus valores y de su cultura y adquiere los del psicópata. Esto vincula con lo que acabamos de decir anteriormente. La mujer traumatizada tiene el cerebro disociado y es mucho más susceptible de sufrir lavado cerebral. Si entendemos cómo funciona un cerebro disociado entendemos fácilmente que la víctima adopta sin ningún reparo la forma de vida de aquel que tenga ascendencia sobre ella.


Luego nos dice también que toda víctima trata de escapar de su victimario; que ven al victimario y les da un ataque de pánico, y que solo la complementaria tiende a buscar al psicópata. Por lo mismo que venimos explicando hasta aquí entendemos que esto es falso. La mujer que ya ha sido programada mentalmente con una serie de estímulos concretos va a seguir buscando esos estímulos, porque va en automático. No piensa con racionalidad ni con lógica, es un puro robot humano, por lo que va a volver una vez y otra con aquellas personas que le proporcionan esos estímulos con los que la han programado, y eso no se arregla sino con terapia neuroreprocesadora.


Veamos ahora lo que tiene que decir Iñaki Piñuel:


Piñuel y sus Seres de Luz


Iñaki Piñuel

Iñaki Piñuel es psicólogo, está especializado en acoso dentro de la empresa (mobbing) y en acoso escolar. Ha estudiado trauma y conoce la técnica EMDR, lo cual ya es una ventaja y habla bien de él.


Para Piñuel las víctimas de un psicópata acostumbran a ser buenas personas, ingenuas, generosas, con las defensas y la guardia muy bajas, que perdonan y olvidan con facilidad. Según su propia descripción, las víctimas de psicópatas, o las víctimas en general, son “seres de luz que son atraídas hacia la oscuridad del psicópata”, y afirma que “tienen grandes cosas que aportar a este planeta por esa causa”. Puesto que ellas son seres de luz, maravillosas y benevolentes, según Piñuel, cometen el error de creer “que todo el mundo es bueno y que todos los demás seres humanos funcionan con la misma lógica moral que ellas”, y eso sería lo que hace que estas mujeres permanezcan en la relación.


La víctima de Piñuel es completamente diferente a la de Hugo Marietán. Estas no son mujeres agresivas que se hayan hecho a sí mismas, ni empresarias de clase alta, ni nada similar. Esta es una mujer mucho más humilde, con trastornos de apego, con trauma, con muchas inseguridades, con poca autoestima y con muchos problemas de los que no sabe hacerse cargo. En suma, son mujeres que, en su mayoría, han entrado en relación con un psicópata o similar porque ya vienen victimizadas en la infancia.


Escuchando a Piñuel lo que he visto continuamente es que no vincula. No vincula la victimización en la infancia con la victimización en la edad adulta; no vincula el trastorno de apego con la victimización en la edad adulta; no vincula el trauma infantil con la victimización en la edad adulta, y tampoco parece conocer lo que es la revictimización. Sorprende mucho porque este psicólogo trabaja con EMDR, y oyéndole hablar de trauma se ve que sabe de lo que habla. A veces Piñuel admite que hay traumas previos y que el trauma es sumativo, pero no parece vincularlo. No termina de afirmar que es el trauma anterior lo que lleva a la mayoría de estas mujeres a meterse en estas relaciones.


No sé si no lo ve o no lo quiere ver, pero este defecto en no poder vincular es lo que le lleva a hacer ciertas afirmaciones y a adoptar una posición frente a la víctima que, desde mi punto de vista, está fuera de lugar. Por ejemplo, afirma que el trauma generado con un psicópata es uno de los peores cuadros traumáticos que se puede presentar en una persona, cuando lo obvio es que estos cuadros traumáticos llegan a ser tan complejos porque estamos hablando de revictimización. Es decir, antes de comenzar la relación con ese psicópata hay traumas previos que han generado vulnerabilidades por las que se siente atraído el psicópata. La relación con el psicópata sería una revictimización de aquella victimización primaria.


Con respecto a tratar a las mujeres como seres de luz, aunque esta actitud parezca algo benevolente en principio en realidad les acaba haciendo daño a las víctimas. Es curioso porque en mi libro habló sobre como muchos autores literarios les hacen la pelota a las mujeres en un apartado sobre la era de la mujer. Y no mencionó a Piñuel porque no lo había leído, pero es curioso como muchas de las cosas que afirmo en mi libro sobre estos autores son características de este autor.



Y tengo que decir que hay pocos autores o psicólogos que hablen con tanta contundencia en defensa de las víctimas, y eso es algo de agradecer, pero Piñuel se lo lleva al extremo y acaba exagerando y alimentando sin necesidad el rol de víctima de muchas mujeres.


En otra parte de su libro también afirma que existe un mito en el abuso emocional, que es el de buscar en la víctima la razón por la que resulta victimizada, pero que se equivocan buscando esa razón porque no existe. Para él la víctima es inocente y pura y entra en la relación como tal, sin tener ninguna responsabilidad por sus acciones o decisiones, y sin que nada en su persona sea especialmente atractivo para el psicópata.


Primero de todo, es lógico que los expertos intenten buscar las razones por las que unas personas acaban siendo víctimas, y otras personas no lleguen nunca a ser víctimas. Es lógico y es necesario que se intenten comprender las razones que nos llevan a ser víctimas y la mecánica de la victimización. Por supuesto que hay que buscar razones, hay que cuestionarse cosas y hay que hacer muchas preguntas. Precisamente no saber nada sobre perfiles de víctimas te lleva al error de pensar que todas son iguales y a entrar en una guerra absurda con otro profesional que describe a un tipo de víctima completamente diferente al que describes tú. La tinta que nos hubiéramos ahorrado si desde el principio todos hubiéramos sabido que en realidad no existe solo un tipo de víctima.


Insinuar que la víctima no tiene un perfil concreto que le lleve a entrar en una relación con un psicópata es falso y va en contra de todo lo que sabemos sobre victimología. Pero además el propio Piñuel se contradice en cierto modo. Él mismo afirma que las víctimas son seres de luz, generosas, dulces, tendentes a perdonar rápidamente y etc. ¿Es que no se da cuenta de que él mismo está haciendo un perfil de la víctima con estos calificativos? Porque nos explica esto dando por sentado que estas son las vulnerabilidades que llevan a estas personas a caer en las redes del psicópata. Si admitimos que la víctima no tiene un perfil concreto y que víctima puede ser cualquiera, entonces no tiene sentido decir que las víctimas son más buenas que la media, porque eso es perfilar.


Luego, la víctima sí tiene un perfil concreto…


Afirmamos aquí que decirles a las mujeres que son seres de luz es muy contraproducente para ellas. En general decirles a las mujeres lo que quieren oír es muy contraproducente para ellas. Aquí hablamos de víctimas, y por lo tanto de personas gravemente traumatizadas. Cuando le dices a una mujer en esa condición que ella no es responsable de nada, que es un ser benevolente, iluminado, inocente de todo mal, estás anclando a esa mujer a la victimización para siempre. Le estás dando el mensaje indirecto de que ella no tiene nada que cambiar, cuando en realidad tiene todo que cambiar. Hablarles a las mujeres así les refuerza el rol de víctima.


En algunas partes de su libro Piñuel afirma que es la luz de estos seres iluminados lo que hace que el psicópata se sienta atraído por ellas, porque necesita de esa luz para su oscuridad. Aparte de ser argumentos muy ñoños e infantiloides, son también argumentos dañinos.

Esto es lo último que necesita oír una víctima. Lo que atrae al psicópata de ciertas mujeres no es su luz sino su perfil de víctimas. A las personas traumatizadas y victimizadas se les nota en la apariencia que lo son. No siempre, pero a la mayoría de las personas se les nota. Cuando los ladrones quieren robar a alguien buscan a una víctima propiciatoria. No eligen a cualquiera, eligen a una persona que tenga vulnerabilidades, alguien que no se pueda defender y con el cual la misión tenga éxito. De la misma forma el psicópata busca a mujeres con vulnerabilidades, debilitadas, y que ya vengan victimizadas. En ese sentido el psicópata sabe mucho más del perfil de las víctimas que el propio Iñaki Piñuel. Y esto hay que decírselo muy claramente a las mujeres: no es tu luz lo que atrae al psicópata, muy al contrario, es tu perfil de víctima lo que le atrae. Y si nunca dejas de ser una víctima seguirás atrayendo a psicópatas a tu vida. Así de claro hay que hablarles.


Lógicamente, hablamos aquí de la víctima tipo Piñuel. La víctima tipo Marietán es diferente y lo que atrae al psicópata de ellas es otra cosa, como ya hemos explicado. Las relaciones que se establecen entre el psicópata y ambas víctimas son diferentes, y precisamente, son diferentes porque las diferencias las marcan las víctimas y su perfil concreto.


Las víctimas vulnerables metidas en este tipo de relaciones lo que necesitan es una mano firme, mucha guía y la autoridad de alguien que sepa sacarlas de ahí y que les hable con firmeza. Lo que lleva a estas mujeres a meterse en esas relaciones con ese tipo de hombres son las vulnerabilidades que ellas mismas ya traen, a veces desde la infancia. Luego, lo que hay que decirles a estas mujeres es que necesitan terapia urgente e intensiva (cierto, el propio Piñuel ya lo hace); que ellas son responsables de lo que les ocurra en su vida adulta; que, independientemente de cómo fuera que se metieron en relaciones de violencia, y de cuáles hayan sido sus procesos anteriores de victimización y trauma, en la edad adulta uno es responsable de su comportamiento, las víctimas también.


Y todo esto hay que decírselo a las mujeres desde un punto de vista serio, de profesional y sin el ánimo de generar culpabilidad. Estos no son argumentos nuevaeristas ni de Psicología Positiva. A mí tampoco me gusta el intrusismo en psicología, ya lo he dicho, y detesto la psicología positiva y la nueva era. Pero entre lo que dice Piñuel y lo que dicen los gurúes de la nueva era, que a todas luces buscan generar culpabilidad en la víctima, hay un abismo y hay espacio para hacer entender a la víctima que sí tiene responsabilidad sobre sus procesos y que solo depende de ella salir de ahí o quedarse ahí para siempre. Sin ingenuidades ni misticismos, pero sí con ética y con un gran sentido de la responsabilidad que debe practicar el psicólogo.


Si le hablas a una mujer de forma que el mensaje que le llegue sea que lo está haciendo todo bien y que no necesita cambiar nada porque ya es un ser de luz iluminado, perfecto y maravilloso, nunca llegará a comprender que en realidad tiene que cambiar. Porque para que tu vida cambie tú tienes que cambiar. Si te quieres ver libre de relaciones de violencia tienes que hacer terapia y tienes que cambiar mucho, y eso es la responsabilidad en la práctica, y es lo que hay que decirles a las mujeres. Y por eso, afirmar que las mujeres son seres de luz benevolentes y maravillosas y que su maravillosa luz es lo que atrae la oscuridad del pederasta psicópata es anclar a esas mujeres en la victimización y reforzar su rol de víctima. Se entiende la pasión para defender a las víctimas, pero si uno se lo lleva al extremo acaba consiguiendo el efecto justamente contrario.


Vemos este tipo de actitudes a lo largo de todo el libro y en muchos de los vídeos de Piñuel, y es un error grave. En el mundo sufrimos hoy un grave problema de infantilismo y no ganamos nada fomentándolo. A los adultos hay que hablarles así de claro y en su cara, y hay que exigirles que se comporten como adultos.


Otro grave error en la mecánica de Piñuel lo vemos en otra afirmación en su libro donde dice, “Eres demasiado feliz, demasiado vital o demasiado bueno para tu psicópata.” Y no, la verdad es que no eres demasiado nada para tu psicópata, en realidad eres la pareja perfecta de tu psicópata. Y eso es así porque tú eres una víctima vulnerable a la que eligió el psicópata para aprovecharse. Desde el momento en que tú eres víctima, eres la pareja perfecta del psicópata. Y decirles lo contrario a las víctimas no solo es engañarlas, además las lleva derechitas a repetir el mismo proceso de victimización con otro psicópata en el futuro.


Piñuel afirma que: “Tan solo existe un tipo de ser humano libre de convertirse en víctima de un psicópata: y es otro psicópata”. Y esto tampoco es verdad. Hay personas muy bien blindadas emocionalmente que no van a ser víctimas nunca, ni de psicópatas ni de nadie; porque se dan cuenta de cuándo alguien intenta aprovecharse de ellos; porque reconocen a la persona con mala intención; porque no atraen a su vida a ese tipo de sinvergüenzas, y porque tienen autoridad y saben decir que no. Y no son psicópatas a su vez: son personas firmes, fuertes y no-víctimas.


Cuando habla de las características del psicópata, Piñuel y muchos otros afirma que este se muda a vivir con la víctima rápidamente. Hay un afán de control en esto, pero hay algo más. Si la mujer tiene niños esto puede significar que ese psicópata es pederasta y que desea estar cerca de los niños, en realidad. Esta puede ser otra de las razones por las que los psicópatas se ven tan atraídos por ciertos tipos de mujeres, y hay que explicárselo muy claramente. Como vemos hay un abismo entre decirles a las mujeres que el psicópata se vio atraído por ellas por su maravillosa luz, y decirles que el psicópata se ha visto atraído por ellas porque tiene unos hijos de los que quiere abusar sexualmente. Porque aquí los menores también pierden.


En general la actitud de Piñuel es todo el tiempo la de alguien que evita mencionar que la víctima se tiene que hacer responsable de su comportamiento. Y entiendo que no quiere caer en la mala intención nuevaerista. Bien, no caigamos en eso, pero ayudemos a la víctima a hacerse responsable de su vida.




Y aquí no intentamos culpar a las víctimas de nada. Precisamente porque estoy con las víctimas hablo como lo hago y me he tomado la molestia de escribir un libro como el que he escrito. Me importan las mujeres y me importan las víctimas y por eso hago todo lo que puedo para que las personas victimizadas y traumatizadas salgan de su estado lo antes posible. Por eso nunca fomentaría cierto tipo de argumentaciones. Las mujeres no son superiores a los hombres y las víctimas no son superiores a las personas no-víctimas.


Reconozco la existencia de víctimas completamente inocentes, pero reconozco también la existencia de mujeres que han sido víctimas y que se han transformado en las mejores cómplices y encubridoras de los crímenes más horrendos. Al mismo tiempo, como exvíctima que soy, sé perfectamente que solo haciéndote responsable de tu problema puedes cambiar tu persona y tu vida, y que ahí no hay atajos, ni soluciones rápidas, ni píldoras mágicas que nos ayuden a cambiar nuestra vida. Solo el trabajo duro y el esfuerzo compensan.


Porque solo reconociendo la verdad y admitiendo dónde está el problema podremos llegar a solucionarlo.



Es cierto que hay una imagen muy distorsionada de lo que es una víctima en nuestra sociedad y esto es lo que nos lleva a no poder ponernos de acuerdo entre nosotros. La imagen de la víctima como persona vulnerable que nunca le ha hecho daño a nadie corresponde a la realidad en la mayoría de las ocasiones, pero eso no significa que no se tenga que hacer responsable de su problema.


Por otro lado, tenemos que empezar a comprender que una persona no se convierte en un ser maravilloso por haber sido víctima; que nuestra personalidad la traemos de la cuna y que aun siendo víctimas esa personalidad termina saliendo; que hay víctimas que son personas mezquinas -sin paliativos- y que la victimización no solamente no les ha mejorado sus rasgos de personalidad, sino que hace que se acentúen a peor.




Puedes escuchar el podcast correspondiente a esta entrada aquí.

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