Todos psicópatas

Actualizado: 13 de sep de 2020

La insistencia en hacernos sentir a todos como si lleváramos a un asesino psicópata dentro es más un adoctrinamiento que una realidad.



¿A ustedes no les molesta la insistencia de algunos en intentar convencernos de que todos podemos acabar matando?

Hace poco oí a una supuesta experta criminóloga afirmar que es verdad que cualquiera de nosotros puede terminar matando a alguien, si nos viéramos en la disyuntiva adecuada. Para afirmar esto, esta experta se basaba en la premisa siguiente: cada vez que hay un crimen en un hogar, en donde alguien mata a otra persona o algo similar, cuando la policía va a preguntar a los vecinos o a los familiares, estos siempre afirman que aquella era una familia normal y que el asesino o el victimario era una persona completamente normal también…

En mi página web podrás encontrar una serie de dos podcasts en donde hablo de los abusos sexuales en la infancia. En estos podcasts explicamos cómo las familias donde se da el abuso -y otras violencias- no son familias normales, sino que son, en el caso de los abusos, lo que yo llamo, mafias pederastas. Las familias desestructuradas de este tipo son aquellas donde vemos después que hay eventos dramáticos, como asesinatos o heridos graves por violencias intrafamiliares. Y para que puedas entender bien del todo lo que voy a explicar aquí, te recomendaría que escucharas esos podcasts primero o que leyeras sus entradas correspondientes.

La razón por la que los vecinos afirman que estas familias eran muy normales, cuando finalmente ocurre alguna desgracia, es la misma razón por la que existe la complicidad criminal ante los abusos dentro de las propias familias. Es una cualidad humana llamada cobardía. Si hay algo en lo que se parecen millones de personas en el mundo, no es una supuesta capacidad para matar o para transformarse en psicópatas de repente, sino en su capacidad para encubrir delitos cuando estos están ocurriendo delante de sus narices. En realidad, esta entrada debería llamarse Todos cómplices, en lugar de Todos psicópatas.

Afirmar que todos somos capaces de matar es igualar a todos los seres humanos aplicando el mismo rasero para todos. Sólo que nos están igualando por debajo. Es como apelar a los más bajos instintos del hombre hasta rebajarnos a todos al nivel de los animales subhumanos. Es como hacer apología de una violencia inexistente, como si, a base de evocarla, pensaran que finalmente se puede convertir en verdadera, vete a saber con qué intención.

Afirman que aquello que nos puede convertir en asesinos es la ofensa, haber recibido un daño muy grande tú o cualquier persona a la que ames, y el ánimo de venganza que nace de eso. O bien nos cuentan que, si te encuentras en una situación de vida o muerte, matarás antes de que el otro te mate a ti.

Lógicamente, esto lo dicen aquellos que no se han enterado de que en el mundo hay muchas personas que hemos sido víctimas de cosas muy graves, y que incluso nos hemos encontrado situaciones de vida o muerte, sin que eso nos haya convertido automáticamente en asesinos. La mayoría de las víctimas estamos muy lejos de ser capaces de matar a aquellos que nos convirtieron en víctimas. Podemos ser capaces de defendernos. Afirmó que yo me defendía con uñas y dientes, pero jamás se me pasó por la cabeza matar a nadie. Afirmó igualmente que hay millones de personas en el mundo que han vivido situaciones similares y que han tenido reacciones similares, pero que jamás serían capaces de matar.

Baste evocar la imagen de la madre que afirma que por sus hijos mataría, cuando la experiencia nos dice, como explicamos al hablar de los abusos sexuales, que hay una mayoría aplastante de madres que acaban siendo cómplices de sus maridos pederastas en los abusos a sus hijos.


No todos somos capaces de matar a otro ser humano, y presumir de poder hacerlo no es un acto de valentía, sino de estulticia.

Uno demuestra no tener mucha idea de cómo funciona el ser humano ni de cuáles son las características que sobresalen en nosotros, al afirmar que todos estamos hechos de la misma pasta, y que todos somos capaces de matar de vernos en una situación concreta. Es algo preocupante desde el momento en que las personas que afirman estas cosas son muchas veces psicólogos, criminólogos, o supuestos expertos en el comportamiento humano.

Es suficientemente malo que los guionistas o los directores de cine nos llenen los ojos y el cerebro de basura, intentando adoctrinarnos sobre lo terrible que es el ser humano. No necesitamos que además vengan los pseudo expertos a darles la razón. Que las personas somos pacíficas en esencia es algo que se puede concluir sin dificultad simplemente observando el comportamiento humano.

La verdad es que cuando somos víctimas de alguien eso nos hace más vulnerables y nos hace más débiles, porque generan una indefensión aprendida, sobre todo si el daño se repite en el tiempo. Eso sin contar con que se puede generar trauma tras la agresión, lo cual nos deja en un estado de vulnerabilidad psicológica también. En ese estado, es muy difícil que una persona tenga el impulso de atacar físicamente a otra.

Por norma general, cuando una persona es víctima de algo entra en un proceso de victimización. Ese proceso lleva a las personas a emociones de rabia contra el victimario, sí, pero sobre todo a emociones de rabia contra uno mismo. Una de las características definitorias de la víctima es que se hace daño a sí misma. Sabemos que estamos frente a una víctima cuando nos habla de autolesiones, sea cual sea la forma que tomen esas autolesiones. Las víctimas también tienen tendencia a la culpabilidad. Cuando eres víctima de una agresión, el TEPT te lleva a repasar en tu mente miles de veces como podrías haber escapado a esa agresión y lo estúpido que fuiste por haber reaccionado como lo hiciste. Es otra forma de castigarse a uno mismo por haber sido víctima. Por supuesto que puedes llegar a sentir odio por el victimario, pero raramente ese odio llega a convertirse en una agresión real contra él.

A juzgar por la recurrencia de los abusos sexuales, si de verdad fuéramos psicópatas en potencia, asesinos en potencia, si de verdad tuviéramos esa capacidad de matar intrínseca en nuestra personalidad, ya no quedarían pederastas ni violadores en el mundo: sus víctimas los habrían matado a todos.

Es cierto que hay individuos que defienden la idea de que todos somos capaces de matar como si les fuera la vida en ello, y que incluso se sienten ofendidos cuando les dices lo contrario. He conocido personalmente a algunos de estos y sí, es cierto que ellos serían capaces de matar. De hecho, algunos de ellos tienen permisos de armas y llevan armas encima en su día a día. También suelen esgrimir la defensa propia como argumento para matar.

Y es que, al psicópata le gusta pensar que todos somos iguales. Quizás eso explique por qué cada vez hay más directores de cine que se empeñan en mostrarnos a personajes que se transforman en psicópatas asesinos de forma redundante en todas sus películas, intentando hacer una vinculación entre ese personaje que ellos han imaginado en sus mentes, y con el que quizás se sientan más que vinculados, y el ciudadano de a pie.


No, es mentira que todos seamos capaces de matar. Algunos estamos más evolucionados que eso. Y sí, eso significa que no todos somos iguales. Hay una distancia moral y ética que se podría medir en varios eones entre los psicópatas y algunos de nosotros.


Incluso en aquellos casos en los que hay saturación y las personas finalmente agreden físicamente a modo de venganza por el daño sufrido anteriormente, sigue habiendo diferencias entre el victimario y la víctima. La forma en que se lleva a cabo la agresión, el tipo de agresión, el ensañamiento, el arma elegida, el acercamiento físico, pero, sobre todo, cómo se llega a sentir esa persona después de agredir a otro, sobre todo si finalmente le ha causado la muerte.

Matar a alguien no es algo fácil de hacer, como nos quieren mostrar en las películas. Quitarle la vida a otra persona conlleva un estado mental, una intencionalidad, una energía e incluso a veces una fuerza física particulares que no todos tenemos.

Sin contar con que hay líneas que muchos jamás cruzaríamos. La violación en particular es un tipo de agresión que conlleva unas características muy concretas de personalidad. La psicopatía es una cuestión de grados, es decir, no todos los psicópatas son iguales, algunos son capaces de cosas que otros nunca harían. Ahora bien, la experiencia me dice que, para traspasar esa línea, para poder llevar a cabo una agresión sexual, para poder agredir a alguien de esa forma tan íntima, tan cercana y violenta, hace falta ser un psicópata.

Incluso en los casos residuales en los que los supervivientes de abusos sexuales traspasan la línea y se convierten en pederastas, hay un rasgo de algo particular en su psiquismo. No son normales. Son psicópatas. ¿O acaso no puede un psicópata ser víctima de otro psicópata en su niñez? Por supuesto que sí.

De alguna forma el cine parece estar adoctrinando a la población para enseñarlos a matar. Quizás el mensaje final no sea que todos sean seamos capaces de matar, sino que todos somos capaces de ser adoctrinados para matar. Nos cuentan las historias de tal forma que tú mismo, aunque seas una persona pacífica, acabas deseando que el bueno de la película mate al malo de la película. El asesinato parece ser la única solución a los problemas que tenemos en la vida, a juzgar por lo que nos cuentan en las películas y las series de televisión.

No solamente no hay más soluciones a la violencia recibida, sino que además nos hacen creer que cualquiera es susceptible de verse en una situación de violencia extrema en cualquier momento de su vida, y que, en general, el mundo es mucho más violento de lo que es en realidad. En pocas palabras, nos adoctrinan en una dirección muy concreta.

No me entiendan mal, sé perfectamente lo peligroso que es este mundo y la violencia a la que estamos sometidos, sobre todo aquella violencia que no se ve. Pero también sé que hay millones de personas que pasarán sus vidas de forma tranquila y normal sin sufrir absolutamente ni una sola experiencia de violencia interpersonal, por suerte para ellos.

Así pues, comencemos a decirlo muy alto y muy claro: no todos somos iguales, algunos tenemos guías morales a tono con la ética. No todos somos capaces de matar a otro ser humano, y presumir de poder hacerlo no es un acto de valentía, sino de estulticia.


Puedes escuchar el podcast vinculado a esta entrada aquí.






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